Morelia, Michoacán | ACG.- A sus 84 años, María Elena García García, Nena para quienes la conocen, no necesita que la música le diga cuándo comenzar. Basta escuchar una canción para que las piernas, como si llevaran memoria propia, empiecen a moverse.
Con ropa tradicional y una tiara de reina, suma alrededor de 20 años bailando y, aunque todavía siente el dolor de una caída que sufrió poco antes de la entrevista que me da vida a esta crónica, volvió a presentarse junto a sus compañeras del grupo Vivir con Alegría, una agrupación de adultos mayores del IMSS que baila donde la inviten.

Hace 8 días, llegó al Cristo Abandonado para participar en una de las actividades del grupo, acompañada por sus compañeras y por Blanca Marina Ferreira Rodríguez, responsable de la agrupación. Nena no llegó solamente para bailar: también fue reconocida por su edad y por la trayectoria que ha construido durante dos décadas dentro de la danza.
El reconocimiento se suma a una historia que comenzó hace aproximadamente 20 años, cuando decidió acercarse al baile.
«A pesar de que ayer sufrí una caída aparatosa porque me caí en las escaleras, ando adolorida. Y sin embargo, la responsabilidad y el gusto por bailar me tienen aquí presente», cuenta.

No lo dice como si estuviera haciendo algo extraordinario. Para ella, presentarse forma parte del compromiso que adquirió con el baile y con sus compañeras. Después de todo, las rodillas ya le habían pedido cambiar algunas cosas, pero no abandonar.
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Cuando la música mueve las piernas
Hace unos 20 años comenzó a bailar en la Casa de la Cultura. Permaneció ahí durante un tiempo, pero el zapateado comenzó a complicarse para sus rodillas y decidió cambiar de grupo.
Buscó una actividad con movimientos más suaves que le permitiera continuar. El cambio no significó dejar atrás la danza: todavía asegura que puede zapatear cuando es necesario.

Con el tiempo llegó a Vivir con Alegría, grupo que lleva alrededor de 10 años formado y que dirige Blanca Marina. La agrupación no tiene un escenario fijo. Un día puede estar en una iglesia, otro en una escuela y después en alguna feria o evento.
Van a donde los invitan, siempre que la agenda lo permita, y cuando el lugar queda lejos solamente solicitan apoyo para el transporte. Han bailado en iglesias, quermeses, preparatorias, escuelas y ferias, además de espacios como el Club Britania.

Blanca Marina explica que no cobran por presentarse y que solamente necesitan una invitación. «Les bailamos a los pobres y a los ricos, a quienes nos inviten. Nuestro grupo es Vivir con Alegría y así vivimos», dice.
La frase parece caberle también a Nena. Cuando habla de bailar no menciona solamente ensayos o presentaciones. Habla de lo que sucede dentro de ella cuando aparece la música, de una reacción que después de dos décadas permanece intacta.

«Me gusta bailar. Yo oigo música y se ensancha mi pecho y se mueven mis piernas como automáticamente», cuenta.
Para ella, llegar a la tercera edad tampoco significa quedarse quieta. El grupo de baile le permite mantenerse activa, convivir y salir de casa para encontrarse con otras personas. El nombre de la agrupación, dice Blanca Marina, termina convirtiéndose también en una forma de vivir.





