Editorial | El pragmatismo faccioso de Morena Michoacán

Escupir al cielo: La tumba ideológica de Morena Michoacán
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  • El reciente intercambio de descalificaciones entre el diputado Juan Carlos Barragán y el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla ha dejado de ser una simple diferencia de opiniones para convertirse en un espectáculo mediático de desgaste mutuo. Las acusaciones de persecución institucional y los reproches sobre el pasado político de los involucrados no hacen más que evidenciar la fractura interna de Morena Michoacán, un cisma que amenaza con debilitar al movimiento justo cuando las tribus y corrientes locales comienzan a desbocarse rumbo a la sucesión de 2027

EDITORIAL

Si, el violento choque verbal entre el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla y el legislador Juan Carlos Barragán ha rebasado cualquier límite de madurez institucional. Lo que inició como una natural diferencia de visiones rumbo a la sucesión del 2027 mutó rápidamente en una carnicería pública de descalificaciones personales y graves acusaciones mutuas.


Sin duda, en este ring mediático, todos los involucrados terminan escupiendo al cielo y exhibiendo las peores incongruencias de sus propias trayectorias. El diputado local dinamita su biografía al usar el «silvanismo» como insulto tras haber sido su funcionario, mientras el gobernador olvida con soberbia que su propio grupo político cobijó y postuló al hoy disidente.


Igual, la dirigencia estatal, dizque presidida por Jesús Mora González, tampoco escapa al lodo de este bumerán político al amenazar con la expulsión estatutaria. Su pragmatismo del pasado, que priorizó pepenar votos externos sin filtros éticos ni ideológicos, hoy les estalla en las manos con la ingobernabilidad y la indisciplina de sus tribus.

Sin embargo, ese espectáculo de canibalismo guinda desvía la atención de las urgencias reales de Michoacán y resucita los vicios más oscuros de la izquierda local. La militancia asiste desilusionada a una guerra civil interna donde el proyecto de transformación social queda completamente secuestrado por las ambiciones vulgares de sus cúpulas.

Ni qué decir, para frenar la inminente autodestrucción, la solución ya no pertenece al ámbito local, pues los puentes políticos estatales están totalmente rotos. Se requiere la intervención enérgica de la dirigencia nacional para imponer un pacto de civilidad obligatorio o aplicar sanciones ejemplares antes de que las facturas personales sepulten al partido.


Y, en el fondo, sin querer queriendo, el conflicto es entre el bedollismo y el moronismo…