«Yo pensé que mis hijos habían muerto”

Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- “Yo pensé que mis hijos habían muerto, no supe de ellos hasta como al mes. En ese entonces, uno de ellos tenía dos años y el otro 4”, cuenta la angustia de una madre, víctima del atentando en la ciudad de Morelia, un 15 de septiembre de 2008.


Rita Alvarado es de caminar lento, pero preciso, pues las secuelas que dejaron las esquirlas del estallido de los granadazos de ese día, dañaron sus pies, al igual que a toda su familia que acudió al festejo de las fiestas patrias en el primer cuadro de la capital.


“Viví una experiencia muy fuerte, muy triste, porque nunca pensé que nos fuera a pasar esto, y menos a mí, a mis hijos y a mi esposo, nunca se nos va a olvidar”, recuerda Rita, 12 años después, en la misma plaza y el mismo sitio donde quedó tirada sin poder moverse.


“Yo pensé que había explotado el castillo, estaba viendo para allá y resulté lejos de aquí, como que volé. Y ya no me pude mover porque mis pies estaban desechos, y mi esposo nomas lo miré que estaba en el piso tirado, y a mis hijos no los volví a ver”.


Fue después de un mes que la familia pudo reunirse nuevamente, aunque con complicaciones físicas y psicológicas tales con las que, hasta el momento, pasan sus días.


“Estuvimos mal, estuvimos hospitalizados, mi esposo perdió el fémur izquierdo, luego de siete cirugías. Yo también tengo un nervio lastimado, varias esquirlas, una de ellas se recorrió a mis ojos y tengo hoyos en mi pie que no me dejan caminar muy bien”.


“Un hijo perdió hasta un pedazo de dedo de la mano derecha. Al más chiquito, también le hicieron una cirugía fuerte para que no perdiera su pie. Sus pompas también se las operaron”.


Con la ayuda de los médicos y varias sesiones para la rehabilitación de sus pies, la familia ha tenido que enfrentar no sólo los dolores físicos, sino el miedo que inevitablemente habita en cada uno de ellos.
“Luego me dicen ‘vamos acá’, ¿y si me pasa lo mismo?, pienso, yo no puedo ir, yo no puedo quitarme de la cabeza que me va a pasar algo, por más que yo quiera”.


“Mis niños igual, ahorita que ya crecieron un poco más, pero ellos ya no quieren venir a las conmemoraciones porque no vaya a pasar algo. Aparte, el más grande de ellos tuvo ese trauma de que estábamos muertos porque él nos vio ahí… tirados”.