Tlazazalca/Vianey J. Cervantes
“Dicen que la cuarta persona desaparecida se encuentra dentro del carro que van a sacar ahorita”, contó un policía que controlaba el tráfico en el cruce de Tlazazalca, sobre el puente que cubre al río y que perdió las banquetas y bardas por la tromba. Más adelante, una grúa ya sacaba de un predio inundado el vehículo verde, lleno de lodo, agua e incluso plantas, la gente miraba, expectante, la aparición del cuarto desaparecido; sin embargo, los rumores fueron falsos; le pregunto a un chico que estaba observando y niega la versión, “no, ese carro no es, incluso ahí va su dueño, ese del sombrero blanco y la camisa a cuadros”, me señala a un hombre que da la espalda y se aleja, tras ver lo que quedó de su automóvil, el cual fue desde luego, pérdida total.
Han pasado tres días desde la tromba que sacudió a Tlazazalca, al noroeste del estado de Michoacán. Aunque la Secretaría de la Defensa Nacional implementó el Plan DN-III a través del 12º Batallón, las calles cercanas al arroyo Puruzano siguen llenas de lodo, aunque a decir de los vecinos, “ya se puede caminar”, a comparación de antes.
Las personas en el centro de la ciudad lucen tranquilas, casi como si nada. En la plaza principal, la vida corre con normalidad y no hay señas de ninguna tromba, solamente la presencia de los “botudos” de las jornadas de salud delataban que en ese sitio había pasado algo. “La zona más afectada está abajo, por las escuelas”, nos dice una mujer, “los militares ya se fueron, ayer estuvieron limpiando”.
Conforme te acercas a la zona más afectada, las calles se van cubriendo de muebles sucios de madera, máquinas de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes levantando restos de lo que una vez fue el patrimonio de una familia: electrodomésticos desechados e incluso colchones y coberturas de coche; en las paredes una sucia línea de barro y humedad delataba la altura del agua.
En el río, a ambos lados del puente se encuentran recogiendo escombros y abriéndole paso, la corriente es fuerte y el nivel ha bajado un poco; sin embargo, unas horas de lluvias podrían desbordarlo de nuevo. Policías federales controlan la circulación, y las unidades móviles de la Secretaría de Salud se encuentran al borde del camino. En el aire, el sonido de una bomba de agua se escucha a cuadras de distancia, están tratando de limpiar el predio inundado que sepultó con agua a al menos 5 vehículos.
La gente está entre sonriente o apática, muchos de ellos perdieron todo lo que tenían, como es el caso de la dueña de Abarrotes Lorena, quien sonríe pero no olvida que perdió todo lo que tenía en su tienda y todos los muebles de su casa, “espero una ayudadita del gobernador para empezar otra vez”, dijo entre risas.
La situación aún es grave visualmente, la fuerza de la corriente retumba en los oídos de las personas, el agua en muchos casos rompió puertas y venció cortinas de locales y cocheras, llevándose la corriente todo a su paso, desde refrigeradores hasta coches y, lamentablemente, una persona. Muchos de los afectados se vieron ‘bendecidos’ por el segundo piso de sus hogares, lo que rescató camas, y demás muebles; sin embargo, de salas, cocinas y negocios, mejor ni hablar.
Las calles comienzan a inundarse de nuevo, poco a poco el cielo va cubriéndose por una nube gris y gruesas gotas comienzan a caer, el viento guía la lluvia en diversas direcciones y todos los curiosos que antes rondaban la “zona de desastre” se resguardan en los negocios o corren de vuelta a sus hogares. En el negocio “Arquitectos”, dos jóvenes miran con calma la lluvia caer, aunque sus papeles se perdieron, su equipo, su material de trabajo, alguno incluso recién adquirido. Sobre una mesa reposaban al menos una decena de papeles húmedos y enlodados, algunos ya sacudidos con un suave pincel color mamey.
Entre los habitantes corren rumores, “hay una persona que afirma que ahí – dice, señalando el predio inundado que servía como zona de descarga para materiales de construcción y estacionamiento – hay un carro atrapado con cuatro personas adentro, pero nadie sabe quiénes son”. Aunque suena descabellado pensar que nadie habría reclamado la desaparición de cuatro personas, un oficial nos recuerda que esta parte en específico es una zona de paso, “pudo haber sido un coche que simplemente se paró ahí, de otro municipio”.
La lluvia no cede en Tlazazalca, los cielos amenazadores no dejan ir la idea de otra lluvia, en las calles corre el agua, jugos, restos de cerveza y alcohol que se tuvo que tirar. Las calles ya son libres para caminar, las casas continúan en labor de limpieza y el gobierno sigue presente a través de sus distintas dependencias, y los más afectados solo repiten, “¿cuándo vendrá la ayuda (económica) del gobernador?”, mientras miran la mitad de su patrimonio irse a la basura en la maquinaría de la SCT, y tras ver a la primera mitad ser arrastrada o sepultada por la tromba y ese arroyo que “ni siquiera es río”, pero que qué corriente tiene…





