Y, faltan dos años…

Especial

Morelia/Teodoro Barajas Rodríguez

Se llegó a los cuatro años de la administración del presidente Enrique Peña Nieto, lo que en otros tiempos marcaba el franco empoderamiento y ascenso de los mandatarios en funciones ahora sólo acentúa el declive que parece inevitable, en el peor momento de popularidad y marcado por los escándalos.

La llamada casa blanca, los desatinos verbales y una evidente falta de pericia política se han hecho ostensibles, no tiene un alter ego y la baraja de los sucesores por su partido es sumamente escasa, aunque las casas encuestadoras han quedado en predicamentos por sus constantes yerros ninguno de los aspirantes del tricolor se acerca a un posicionamiento consistente. Andrés Manuel López Obrador y Margarita Zavala son los punteros de cara a la sucesión.

La economía está deprimida, la deuda externa ha crecido como lo han hecho los problemas de inseguridad e impunidad que nos dejan ver un panorama sombrío, tal parece que la noche ha llegado prematuramente a la gestión peñista.

El gobierno federal se ha encargado de festinar ruidosamente los consensos que permitieron aprobar las reformas estructurales que, hasta el momento, no han reflejado mejoras en la condición de vida de millones de mexicanos. Las expectativas horneadas no han rebasado dicho estatus que se originaron desde que fuera signado el Pacto por México suscrito por el mandatario y los dirigentes nacionales del PAN y PRD en los albores del sexenio.

La inseguridad cabalga por todas las regiones de México en diferente grado de intensidad, Tamaulipas, Michoacán, Jalisco, Veracruz; no parece disminuir aunque se diga desde el sector oficial que es un asunto de percepciones, pero no es un asunto de pareceres sino de datos duros, la prensa da cuenta de episodios de violencia a diario.

La impunidad no se ha combatido, los crímenes en su mayoría no son castigados aunque la teoría contractualista remarca el pacto entre gobierno como parte del estado y los gobernados como otro componente del mismo.

En su momento el mandatario Peña Nieto invitó al ahora presidente electo de los Estados Unidos Donald Trump a Los Pínos, su posición fue difusa, más próxima a la tibieza. Ahora que ya el magnate norteamericano cuenta las horas para despacharen la Casa Blanca –la auténtica-, se mantiene el tono amenazante contra los migrantes; también se pretende revisar el Tratado de Libre Comercio o cancelarlo, el principal perjudicado sería México. Peor imposible.

En otros momentos el presidente imperial en la era del partido hegemónico llegaba al cuarto año fortalecido, en los hechos era un tipo de monarca con ropaje republicano, ahora observamos un liderazgo pálido, las anécdotas suelen ser acerca de los yerros del mandatario, desde aquella Feria Internacional del Libro, o de Aurelio Nuño que es corregido por una niña que estudia la primaria. No se percibe un relanzamiento del presidente Peña Nieto, aún faltan dos años.

Posdata: algunos políticos de Michoacán no definen su pertenencia política en el PRD o Morena, deberían hacerlo; esa ambivalencia me hizo recordar una frase del ideólogo Jesús Reyes Heroles “en política no debe haber ilusos para que no haya desilusionados”.