Maravatío/Enrique Castro
En una esquina del centro de Maravatio esperan cuatro de ellos (son siete), con sus mochilas en la espalda como si fueran a viajar, pero el motivo es una charla sobre su labor como rescatistas y como parte de la brigada de Topos Azteca-Tlatelolco a mando del “Chino” Méndez.
Algunos con uniforme de Protección Civil y otros “normal”.
En contra esquina, se encuentra la casa de Jesús Efraín Alcantar e invita a pasar para que la plática sea más amena. Al entrar, dos de ellos comienzan a colocarse el uniforme naranja que tanto los representa. Por el momento, solo cuatro de ellos pueden estar ahí sentados en la sala dispuestos a platicar, los tres restantes no están disponibles debido al trabajo.

Ellos estuvieron en labores de rescate durante los sismos de septiembre en el país, principalmente el del 19 en la Ciudad de México, y aunque todos son de esta ciudad michoacana y llegaron el mismo día del terremoto, no estuvieron en el mismo lugar laborando, cada quien tuvo su propia historia.
Miguel Ángel Nava, tiene 23 años y uno dentro de la brigada Topos Azteca-Tlatelolco. Y, cuenta que ha tenido una vida de rescatista: “mi familia fue siempre parte de servicios de emergencias, me nace cuando era niño, ellos me inculcaron esto del rescate y servicio de emergencia, cuando hubo oportunidad con el curso de topos, me sentía emocionado de formar parte de la familia de topos azteca”.

En este año dentro de la brigada ha estado en los sismos de septiembre, en Oaxaca y en la Ciudad de México “fuimos a Juchitán, Oaxaca, durante una semana con gente de varias partes de la República, yo iba con la mentalidad de ayudar, de encontrar personas vivas”.
Apenas regresaba y asimilaba ese trabajo cuando se presentó el 19-S y no dudó en moverse para ayudar, y entre sus anécdotas, platica: “rescate a una persona viva de 86 años, al verla me derrumbe… yo decidí meterme y meterme, a eso íbamos, metían cámaras y aparatos para detectar calor, nos metimos e hicimos un túnel para sacar a la gente, ya había gente muerta abajo del elevador, y más adelante estaba esta persona que rescatamos viva”.
Al contarlo sus ojos viajan por un momento hasta esos túneles donde entraba a buscar personas. De vuelta en el sofá, sentado a su lado está Raúl Gonzales Mora, de 29 años de edad, y quien también lleva un año de topo “nos invitaron a nosotros a capacitarnos; yo tengo 7 años en Protección Civil y nace la idea para ir a participar con la brigada, sabiendo todo lo que ellos hacen nos enfocamos a la parte de ayudar a las personas que en su momento lo requieran”.
El también participó en la ciudad de México como primera encomienda: “fue en una lavandería y un laboratorio, ahí estuvimos trabajando”. De pocas palabras, platica sobre los lugares donde estuvo buscando personas y quitando escombros. A pregunta expresa sobre si algún rescate le ha marcado más que otro comenta: “Todas las personas nos llegan… pero después, en el momento tienes adrenalina de salvarlas”.

Y como en la mesa de Póker, el turno va a la derecha y ahora Ricardo Hurtado Gómez de 36 años quien uniformado escuchaba la conversación, platica sobre lo que es ser topo: “personalmente, esto de la brigada me orilló a capacitarme más, de aprender de otras técnicas para salvar vidas, ayudar a la población más que nada.
“Esto de entrar a topo fue gracias a Efraín por bajar el curso y ahora estamos en la brigada” él también llegó el primer día y lo primero que encontró fue a mucha gente ayudando “ en esta situación nosotros vimos la respuesta de la gente y está fue sobrada, no había 5 o 10 o 20 metros de que nosotros saliéramos de los túneles y nos daban comida e hidratantes, fue demasiada gente, un muchacho nos dejó muchas cosas un día y después dijo `hoy no tengo nada material, pero está mi casa´ la gente está siendo consciente de las cosas, vamos avanzando”.
Para él, el uniforme naranja “pesa” y está lleno de responsabilidad: “el de topos (el uniforme) es reconocido a nivel mundial, debes de tener la mentalidad de ir a ayudar sin esperar nada a cambio, la gente te está esperando, pone en tus manos mucho, por eso pesa tanto”
Al final y también uniformado, Jesús Efraín Alcantar, anfitrión en ese momento platica sobre lo que hace; él es Topo y de profesión Arquitecto; al igual que todos en esa sala divide las dos cosas para vivir: “ Yo inicie a los 14 años en bomberos, desde que se fundaron aquí en Maravatio; pase a ser parte de PC como voluntario, Cruz Roja como paramédico, y a raíz de todo eso es lo que nos tiene aquí y el gusto por ayudar, a nosotros nos mueve desde niños la vocación de poder ayudar independiente cual sea el momento”.
Efraín tiene 35 años y también uno dentro de la brigada de topos Azteca-Tlatelolco y sus últimas actuaciones han sido en la Ciudad de México y Oaxaca con los sismos, así como a la explosión de un mercado de pirotecnia en Tultepec, en el Estado de México en el 2016.
El 19 de septiembre, él fue el primer de sus compañeros en moverse hacia la Ciudad de México para reportarse en el centro de control de la brigada “llegamos el primer día, después de que había tanta gente al primer momento fui a ver que estaban haciendo mis compañeros, ellos fueron los primeros respondientes y se fueron a la escuela primero, sobraba quien ayudaba, los clubes de motos movían gente, me paro en la esquina y pido aventón y me llevaron al lugar, entre un rato y salir por cosas que faltaban.
El rato que estuve ahí pude ver en un lapso de 3 horas cerca de seis cuerpos, pero había muchas cosas que hacer, me fui a Texcoco y estuve trabajando allá, hicimos evaluación de viviendas, topos tiene muchas actividades, hay mucha gente técnica, si yo le puedo dar otras alegrías a otras personas lo veo bien”.
Termina platicando sobre su sabor de boca durante y después de tales acontecimientos “todo el mundo se enfocó en ayudar, ese día me sentí orgulloso de ser mexicano, de ver tanto amor, no esperaba eso, toda la gente informándose de donde se podía ayudar, en el centro de comando nos dijeron de los 40 de derrumbes hubo un momento en que al menos 6 topos había en cada derrumbe”.
Después de eso, se levantan y posan entre risas para una sesión de fotos con sus cascos y uniformes, al mismo tiempo da una breve explicación de lo que trae puesto.
Después de las fotografías, cada cual vuelve a sus ocupaciones normales, aun así, la guardia siempre la tienen activada, como buenos topos que son.





