“Viva mi desgracia”

Erik Sánchez


Morelia, Mich. | Acueducto/Erik Sánchez. – En la calle Valladolid a espaldas de la Catedral de Morelia se escucha música del porfiriato, son David y Andrés Becerril dos hermanos que se diariamente tocan su organillero, instrumento mexicano de origen alemán.


De 11 de la mañana a 3 de la tarde se encuentran, David con 28 años y Andrés de 26, ambos vestidos de café, con su cubrebocas y careta, esto por la pandemia, y su singular sombrero organillero, ellos tocan ocho canciones que le permite su instrumento tocar.

“La piedra”, “La huella de mis besos” “La rielera” “Las golondrinas” “Las bicicletas” “Carta jugada” “Viva mi desgracia” y “Las mañanitas” son las ocho canciones que tiene el cilindro grabadas en el organillero que pesa de entre 40 a 60 kilos, el cual está hecho de madera y metal, que sostiene un tipo de carretilla que los hermanos Becerril adaptaron al antiguo aparato.


Ellos son la tercera generación que da vuelta a la manecilla del aparato heredado por su tío, quien les enseño este oficio en la Ciudad de México, uno que pasa de generación en generación, que ha llegado más allá de la época de 1800 y que actualmente prevalece en las calles de Morelia, como una tradición que se niega a desaparecer.

Con unas cuentas monedas sobre sus sombreros recolectadas a lo largo del día, estos organilleros recogen su instrumento y parten a casa.