Una noche de luces y flores

Morelia/Vianey J. Cervantes

Cuando salió al escenario, llevaba un vestido azul claro con un cinturón rojo, su cabello largo y negro caía por la espalda y el resonar de los cientos de gritos morelianos llenaban el aire del Palacio del Arte, lleno casi a su totalidad.
Abrieron el concierto los músicos con una interpretación que recordaba los salones de blues y jazz de los cincuenta, las luces daban un aire de melancolía azulada al saxofonista. Al centro, luego de un incremento rítmico de la música y un ‘apagón’, apareció la delgada figura sonriente y en un dos por tres, la tonada se convirtió en «Ana».
La decoración del espectáculo era sencilla, dos lamparas de estilo antiguo, una mesa a juego, una cantante pequeña con una voz contrastante y un grupo de músicos en total sincronía con sus instrumentos.
Mon Laferte visitaba Morelia tres años después de aquella presentación gratuita en el bar Cactux, esta vez arrancó el concierto con un toque de rock and roll, con una sonrisa de oreja a oreja y unos pasos de baile sincronizados que rememoraban la época que caracteriza su estilo, no ante una docena de tranquilos comensales y ‘bebensales’, sino ante cientos de morelianos.
Ante la tremenda ovación a su llegada, la chica sobre el escenario se quedo, sin mas, parada frente al público, sonriendo, con la mano en el pecho y dos o tres lágrimas en los ojos. Llevó en un dos por tres de la ternura a la alegría, y de la alegría a la nostalgia, como el caso de la canción «El Cristal», recuerdo musical a la muerte de un ser amado.

En todas las canciones, el fanático quedaba envuelto entre la incertidumbre y la costumbre, el ritmo variaba, el estilo cambiaba, una canción pop la convertía en el escenario a una cumbia ‘sabrosona’ y la letra que entonaban se perdía.

Laferte se mantenía al centro del escenario, a juego con su canción movía su cabello, derrochando sensualidad en «Vuelve, por favor», con luces rojas y su mirada penetrante, con el movimiento coqueto de su vestido azul, tan inocente en diseño y tan provocador en su dueña, marcaba el ritmo del bajo. Al contraste con las imágenes que se proyectaban a sus espaldas, parecía la rosa del jardín de Morelia.
En medio del concierto, a dueto con David Aguilar, músico quien abrió el escenario, entonaron una de las canciones más hermosas, «Amor Completo», en una tenue luz que dejaba ver únicamente el contorno de sus cuerpos a contraluz.
Entre la coquetería de una mujer y la tierna alegría infantil, Mon Laferte preguntó «¿quién cumple años hoy?», con su acento chileno y tras lo cual los músicos comenzaron las mañanitas, al ritmo mexicano.
Luego de dos horas de música ‘lafertera’, llegó el turno de la canción que la llevó a la fama , «Tu falta de querer», con la cual Mon Laferte hizo uso de esa voz particular y ensordeció a los morelianos, quienes también le regresaron el favor al entonar a todo pulmón «Mi Buen Amor» y «tormento», canciones con las que cerró la noche la chilena en México. Lanzando besos a derecha e izquierda, en medio de un mar de gritos, se congeló y como Alicia tras el conejo blanco, salió corriendo del escenario.