Un paraíso gastronómico

IMAGEN: ENRIQUE CASTRO

Erongarícuaro/Enrique Castro

En la ribera del lago de Pátzcuaro, sobre la carretera que bordea el cuerpo de agua, un lugar convierte la hora de comer en un momento de tranquilidad y relax.

Un sitio raro, un restaurante alemán en plena zona purépecha. Al menos así lleva su nombre y origen.

Un par de astas de venado en la puerta dan la bienvenida, por fuera el estacionamiento es grande y por lo regular luce lleno.

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Adentro, la decoración campirana y roja llama al buen comer y se pueden ver gran número de mesas, casi por donquier.

Un esparcimiento hecho de madera gruesa simulando una cabaña, que remata en un par de lagos con fuentes al centro.

Al sentarse solo se aprecia el ruido del movimiento del agua. El menú es variado, lo recomendable es comer trucha, ya que ahí mismo, en esos estanques se reproduce…

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Sin embargo, la carne de conejo o res al estilo alemán también se recomienda; alguien pude chamorro, pero la demando logra que se termine pronto.

El estanque más alejado del área de mesas tiene un pequeño deck de madera, en el cual las redes de palo largo descansan, ahí se pesca la trucha para después llevarla a la cocina.

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Hay bancas y troncos para sentarse y disfrutar un poco de los estanques.

El ambiente es familiar o privado, depende la compañía. Extranjeros y turistas del interior del estado comparten los alimentos y bebidas del famoso y clásico lugar.

Al fondo, un estanque mayor luce “descansando”, en ese se pueden dar paseos en lancha.

El lago de Pátzcuaro es el escenario de fondo; los arboles lo ocultan un poco pero el frio viento que proviene de él lo delata.
La tarde cae en el lugar y la fría luz del invierno llena el estanque, los patos que ahí lo habitan reciben migajas de pan de los comensales. Graznan a conveniencia.

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El Campestre alemán, es un lugar “obligatorio” para algunos; antes de llegar a Erongaricuaro o a Pátzcuaro, depende de donde se proviene.

Y, justo en la falda de la comunidad de Arocutin se encuentra.

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