Morelia / Nancy Viridiana Herrejón Peña

Carlos ve que el campo de las Letras y la Literatura están en un momento de cambios “se están cambiando cosas que durante mucho tiempo permanecieron inmóviles, vivimos en un país donde el arte y la cultura dependen mucho del estado, los creadores dependemos de las becas”. Aunque las becas son un apoyo irrefutable también encuentra que esto ha creado una ligadura entre el estado y el artista “nos ha quitado la iniciativa a la comunidad cultural de armar buenos esquemas de negocios”

Esto también da una autocensura creativa, un depender económico que no permite crecer las empresas culturales, “una cultura que se ve (está) basada en el dinero del estado tiene limitantes de expresión”

“Yo veo a la industria cultural detenida, confrontada con el nuevo gobierno, más se deben asumir las cosas ahora”

Carlos no es indiferente a todos estos cambios, le preocupa la violencia que se está viviendo en el país, “es algo que nos alcanzó, que desde hace muchos años nos dio avisos aquí y allá, este enfrentamiento de las bandas que además tiene al estado coludido” , vislumbra la preocupación que le genera este ambiente, pues no le gustaría su hija crezca en un lugar caótico, “Es una especie de apocalipsis en pequeño”, relata que en muchas ocasiones los primeros en ver que pasaría fueron los escritores, quienes con las primeras novelas del narco lograban dar una lectura adelantada de los hechos.

(La inseguridad, violencia) “La veo incontrolable, contraria a cualquier razón, incontenible, me parece una especie de monstruo en las entrañas del país”. Más preocupante aún resulta la poca solidaridad de la gente, fuerzas unidas siempre son vencidas, “además de todo eso, la sociedad, nuestra sociedad, está muy fracturada

El consuelo de los desterrados es la historia de un personaje ficticio, una mujer que es programadora de calculadoras y computadoras en los años 70’s, durante todo el texto se van describiendo los noventa años de vida de esta mujer aproximadamente desde 1970 hasta el 2026, sus vivencias y como es marginada y discriminada por razones de género y nacionalidad: es mujer  y es mexicana. También se narra la historia de los videojuegos, el entretenimiento electrónico, la computación y el inminente dominio de las redes sociales en el mundo.  Pero lo más interesante es que narra nuestra relación con el mundo digital y las representaciones que adquirimos en él, algo no tan ficticio, algo no tan de la ciencia ficción, ya que todos vivimos en dos mundos hoy en día: el real y el digital o ciberespacio.

Carlos Augusto estaba escribiendo como de costumbre en su estudio, estaba solo en  casa disfrutando de la música, la primera vez no contestó la llamada del INBA  pues no reconocía el número, la segunda vez contestó y de ahí lo demás es historia. “Envío obras a los concursos y trato de olvidarlas, es como lanzar una botella al mar”

Para Carlos el amor es un laberinto, el miedo es difícil de definir más lo ve en la muerte, la muerte es un renacimiento, los niños son la felicidad, la luna es la escritura en sí, una ciudad es una historia y el universo en sí es la literatura, más no se puede decir.

Se muestra agradecido con la ciudad  y el estado, “es un lugar donde pasan muchas cosas, pese a todo (Michoacán) siguen siendo un lugar muy vibrante” a lo lejos suenan las bandas de guerra de las escuelas que desfilan sobre la antigua calle Real, el sol se chispea por todo lo que puede reflejarlo, “Ocurren (aquí) muchas actividades culturales que son reflejo de que hay algo en la gente que todavía marcha muy bien”.

A futuro queda la promesa de que la Secretaría de Cultura de Michoacán (SECUM) y el INBA buscarán un coeditor para concretar a papel su novela y así darle la difusión adecuada que merece. Carlos se despide de Morelia gustoso y entre las sonrisas de los niños desfilando, la gente en algarabía de noviembre conmemorando nuestra última guerra civil como pueblo,la Catedral de Morelia siempre señorial y altiva como faro; Carlos sonríe y promete regresar para presentar aquí su novela, mientras queda en el aire el eco pausado del consuelo de los desterrados nuestros de cada día.