EL ARRIBO, EL GUIÑO DE UNA CORAZA DE CONCRETO
I de V partes
Panamá, Panamá | Samuel Ponce/Acueducto Online.- Cuando el avión va descendiendo hacia el aeropuerto de Tocumen, a solo 24 kilómetros de esta ciudad, por la ventanilla uno puede observar decenas de pilas de concreto, mayoritariamente verticales.
Las pilas parecen hacer un todo, una coraza de concreto, una moderna muralla, con esos resquicios en las laterales de los erguidos edificios; a sus pies la bordeada costa, sin playas paradisiacas a la vista, solo curvilíneas espumosas y un indescriptible oleaje.
El arribo, el aterrizaje a la base aérea comercial fue plácido, como un día de campo, sin inhalaciones ni exhalaciones de más. Casi las tres de la tarde, en migración me observan con detenimiento, los miro sin bajar la vista y me señalan la salida del aeropuerto.
Afuera, el cabildeo del costo del taxi hacia el hotel Paitilla, lo menos 25 dólares; la conductora, quien tiene 20 años como tal, hace un bosquejo de la vida panameña, resaltando su preocupación por la creciente fuerza de las pandillas, más que la corrupción gubernamental.



Después de dejar un ligerísimo equipaje en el confortable hotel, que coquetea con la cercanía de la bahía, rumbo al casco antiguo de la urbe, aborto para hacer un receso gastronómico en uno de los sitios de mariscos predilectos de los visitantes.
Ahí, a pie de un embarcadero de pescadores, la atención a los comensales suele ser divertidamente desdeñosa y la espera con dejos superficiales de una lejana calma, a contraparte, es férrea, cuerpo a cuerpo, a veces hasta acalorada invitación al lugar.
Primero una refrescante cerveza Panamá, bien fría, súper fría, luego una inmensa sopa de mariscos, en la cual se sumergían diminutos camarones, flotando a grandes distancias de las almejas, de los ostiones…
A pie, retomo el camino al casco viejo; sin duda, es un hermoso lugar, cálido, entre edificios viejos y modernos. La plaza principal, la iglesia de frente, el caminar de la gente sin aspavientos, el calor que no agrede ni agrada, el atardecer que se va consumiendo…



Imágenes Samuel Ponce/Acueducto Online





