Un campamento tortuguero Montessori…

Especial

Ixtapilla, Aquila/Samuel Ponce Morales

Esa noche, antes de las veintidós horas, apenas arribó una golfina, suficiente para que los visitantes al campamento tortuguero admiraran su paso lento e incómodo en la playa, su anidación y su regreso al casi rítmico oleaje que la trajo.

Al día siguiente, el escenario sería diferente, llegaron decenas de tortugas hasta rebasar la centena, las imágenes fueron más impactantes, ellas, los quelonios, hicieron un todo de expectación, de un cuasi respeto y hasta de suspiros.

Pero, veinticuatro horas antes, primero la maravilla de recorrer el acotado campamento, la inquietud de la espera de la única golfina y el temor provocado por los otros que llegan al lugar, los de cerveza en mano y la música en alto, y los policías que brevemente deambulan adorando al dios del Baco…