Morelia/Redacción
El Foro Sol estaba lleno, entre la oscuridad de la noche resaltaban los miles de pequeños puntos de luz que representaba a cada asistente, al frente, el escenario oscureció para dar paso a la banda estelar.
U2 salió ante una multitud estruendosa, más de 65 mil mexicanos que dejaron atrás los días de tragedia para divertirse esta noche en el concierto de su gira «The Joshua Tree».
La noche arrancó con la canción Sunday Bloody Sunday, entre la música y en las pantallas, con la imagen del cuarteto, se escucharon los pronunciamientos del ya conocido como activista, Bono, «¡No more Las Vegas!, ¡No more España!», en referencia a los tiroteos en Estados Unidos que cobraron la vida de 59 personas, y la agresión en Cataluña, donde hubo más de 300 heridos e incluso se habla de abusos sexuales por parte de la policía.
El concierto siguió su rumbo, los grandes éxitos de la banda enloquecieron a la multitud, with or without you, I still haven’t found what I’m looking for, Vertigo… en cada canción había mensajes para la nación mexicana, tan herida en el mes de su patria por la naturaleza.
«El espíritu de México nunca se romperá», coreo Bono, citando al escritor colombiano Gabriel García Márquez. La enorme pantalla a sus espaldas se lleno de mujeres mexicanas durante la canción Ultraviolet, Frida Kahlo, María Felix, Salma Hayek, incluso la periodista de honor en México, Carmen Aristegui.
Sin embargo, U2 ganó de nueva cuenta el corazón de México cuando, en medio de la canción Bad, Bono, con un español acentuado, en otra cita a García Márquez, dijo «Siempre hay algo que se deja para el amor».
Entonces, detrás de un ¡Viva México! y una estrofa más de «Bad», se escuchó «Ay, Ay, Ay, canta y no llores…», el silencio se hizo un segundo, como para tomar aire, y los 65 mil mexicanos presentes corearon el otro himno de México. En la pantalla, la bandera de México reflejo su luz tricolor.
«Porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones…», la canción que entonaron los rescatistas, los brigadistas, los mexicanos durante el sismo del 19 de septiembre salió de sus bocas para reafirmar que, efectivamente, Márquez tenía razón: El espíritu de México nunca se romperá.





