Tres tristes catrines

Imagen Xana Zamudio

Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- Hace apenas diez años que don Raúl Fuentes comenzó en la andadas de la elaboración de catrinas en Capula, Michoacán, y este el primero que vive ante una pandemia a causa del coronavirus.

Son casi las 11 del día, y al alfarero se le ve por la calle camino a casa, que también es su lugar de trabajo. Lleva consigo tres piezas artesanales; un catrín, una catrina tradicional y, otra más cargando una pajarera. Todo está a punto de ser modificado.

“Ni modo, se requieren clientes, ahorita que no hay. Toda la temporada nos ha ido muy mal por la enfermedad ésta, nos ha tronado mucho”.

Son casi dos días los que don Raúl tarda en pintar piezas como esas que pertenecen a una sola obra. Sin embargo, comenta que el cliente que solicitó el pedido desde el Estado de México, ha decido cambiar el color.

“Ya no me da tiempo de volver a hacer todo. Le voy a perder porque ya se le invirtió en la pintura de colores que es muy detallada y ahora quiere las piezas negras”.

Ya en su taller, sólo precisa de una silla, una brocha y la nueva pintura con la que coloreará nuevamente la pieza.

Fue su hijo Erick quien hace una década le enseñó la técnica, luego de toda una vida dedicándose a la loza tradicional doméstica, al igual que casi toda la Tenencia.

Con el mercado de la catrina expandiéndose, el alfarero comenzó a mejorar la técnica, seguido de sus hijos y sus pequeños nietos.

Sin embargo, este año pintó diferente en el resultado de sus ventas, pues la contingencia sanitaria le impidió participar en el tianguis tradicional de noche de muertos en Pátzcuaro como cada año.

“También, por estas épocas, me iba a Cuernavaca, Morelos y mi familia participaba en la fiesta de la Catrina, pero ya ve que lo suspendieron todo”.

Aunque la producción, comenta, no ha parado, la mercancía que previamente se preparó para los diferentes eventos, tendrá que esperar. Mientras tanto, don Raúl espera que termine de secar la primera capa de pintura negra sobre las piezas.

Toma entre sus manos manchadas de pintura la pajarera que va por la segunda capa negra, “ya queremos que pase todo esto… ya”.