Morelia, Mich. | Agencia ACG.— Entre hornos encendidos, moldes de barro y el sonido profundo del metal, Misael López Leiva da continuidad a una tradición familiar que no solo ha resistido el paso del tiempo, sino que se ha convertido en una forma de vida. Originario de la comunidad de Tizapán, en el estado de Hidalgo, forma parte de la tercera generación de artesanos dedicados a la fundición, restauración de campanas y elaboración de artículos religiosos.
Desde su infancia, el oficio no le fue ajeno. Creció entre talleres, observando a su abuelo y a su padre trabajar el metal, aprendiendo poco a poco, primero como juego y después como responsabilidad. Con el tiempo, ese aprendizaje se transformó en vocación. “Uno empieza viendo, ayudando en lo que se puede, y así se va quedando el gusto”, relata sobre sus inicios dentro de un oficio que ha permanecido en su familia por más de 50 años.
La historia de su trabajo se remonta incluso más atrás, cuando, según le contaron sus antepasados, fueron los españoles quienes introdujeron la elaboración de campanas en su comunidad. A partir de ahí, el conocimiento se fue transmitiendo de generación en generación, perfeccionándose con el paso de los años hasta convertirse en una práctica profundamente arraigada.
El proceso de elaboración de una campana es complejo y completamente artesanal. Inicia con la creación de moldes hechos con arena de río, barro y arcilla, materiales naturales que permiten dar forma a cada pieza. Posteriormente, el cobre y el bronce son fundidos en hornos que alcanzan temperaturas cercanas a los mil 200 grados centígrados, logrando una aleación adecuada para obtener la sonoridad y resistencia que caracteriza a estas piezas.

Pero su trabajo no se limita a las campanas. En su taller también se elaboran cálices y otros objetos litúrgicos, los cuales requieren un proceso distinto: se parte de lámina que es moldeada en torno y detallada con cinceles, dando forma a figuras y acabados minuciosos. Todo el proceso se realiza a mano, lo que convierte cada pieza en un trabajo único.
Actualmente, alrededor de 12 personas integran el equipo de trabajo que acompaña a Misael, manteniendo viva una dinámica donde la producción no es en masa, sino cuidadosamente elaborada. “Aquí no se trata de hacer muchas piezas, sino de hacerlas bien”, expresa, resaltando que la calidad es el principal sello de su labor.
A lo largo de los años, el trabajo constante y la dedicación han permitido que su nombre y el de su taller, Fundición de Campanas La Guadalupana de Artículos Religiosos, se mantenga vigente, principalmente entre iglesias y parroquias que buscan piezas hechas con técnicas tradicionales.
Lo que Misael López Leiva preserva es una herencia familiar, una identidad que se forja con fuego, paciencia y aprendizaje. En cada campana que sale de su taller no solo hay un sonido que llama, sino también la historia de generaciones que han encontrado en este oficio una manera de trascender.





