Suena el martillo, y vuelan al ciberespacio las fotos

Imagen: Especial

 

Con sus miradas intimidantes examinan a todos los que caminamos empequeñecidos hacia la puerta…

Uruapan/Bernardino Rangel

Lo parte noble de El Poder en México es que sus gestos grotescos siempre ayudan a los que hacemos crónicas. Esa luminosa mañana de domingo en Uruapan, no decepcionan. A dos cuadras de la Escuela de Agrobiología de la Universidad Michoacana donde se celebrará la ceremonia oficial para el inicio del Nuevo Sistema de Justicia Penal en la Región Uruapan, las pistolas y rifles de asalto ya nos dan la bienvenida. El Ejército, la Marina, la Fuerza Ciudadana, la Policía Federal y un grupo que no identifico de hombres trajeados con ametralladoras al pecho (sí, ametralladoras, al pecho, junto a las corbatas), se han dispersado alrededor como esperando la invasión de un enemigo imaginario. Parecieran preparados para el ataque de un ejército que tratará a toda costa de evitar que se implante el Nuevo Sistema. Con sus miradas intimidantes examinan a todos los que caminamos empequeñecidos hacia la puerta. Dan un poco de risa.

No importa, es una mañana de corbatas y vestidos de noche. Al pasar la aduana del miedo, o del odio entre nosotros mismos, se olvida la amenaza de las balas y entramos al pequeño auditorio de la escuela. Está lleno. El rostro de cinco metros de Benito Juárez nos observa desde una esquina. La gente se acomoda entre saludos y expectativa. Un bloque del galerón está conformado por hombres muy serios de traje azul y corbata roja, dicen que son los del Ministerio Público. Se ven muy disciplinados. Al centro está el estrado para los camarógrafos, y detrás de ellos, sillas para quienes les veremos las espaldas durante todo el evento.

Es momento para tomar algunas fotos. Yo escojo la necedad del tiempo, los ojos del enorme Juárez cercados por logotipos policiales. La misma desconfianza, o quizá peor, que 150 años después de su gobierno.

Una voz al micrófono nos pide que ocupemos nuestros lugares pues están con nosotros los representantes de los tres poderes. Como estrellas de rock, una larga comitiva hace entrada triunfal por uno de los costados. Aplausos para el Gobernador, el Presidente del Poder Judicial y el Presidente de los Diputados.

La voz masculina al micrófono pide que nos pongamos de pie para entonar el himno. La gente se levanta. Es domingo en la mañana y hay un aire a misa en el recinto. El encargado de la ceremonia no midió que en este gran gimnasio la reverberación de una banda de guerra sería exponencial, así que suena el himno y duele en los oídos, y en el alma, porque hace diez minutos, mientras esperábamos, se corrió el rumor de que encontraron a otros cinco periodistas asesinados en la Ciudad de México. Para ti las guirnaldas de oliva, un recuerdo para ellos de gloria, ¿un laurel para ti de victoria? un sepulcro para ellos de honor…

Se supone que para eso estamos aquí, para tratar de encontrar formas que nos hagan menos torpes a todos. Escuchemos.

El primer discurso es del representante de la SETEC. Su idioma es el oficial y adormece. La concurrencia escucha como en trance. Muchos revisan sus celulares y muchos adoptan la posición neutra, ojos fijos al vacío, del sermón dominical.

En el espacio principal, sobre un estrado de madera y debajo de un enorme cartel que dice Inicio de Vigencia del Nuevo Sistema de Justicia Penal Región Uruapan, están sentadas todas las autoridades. Justo arriba de ellos, detenidos en el techo que no les deja escapar, hay dos globos gigantes de una fiesta pasada.

¿Por qué estamos en el gimnasio de una escuela? Es raro. ¿No había un espacio más propio de la ocasión? No importa, pero es raro. Recordemos, estamos aquí porque nuestra justicia es más imperfecta de lo que debe ser y esto es un intento por cambiarla. Será difícil, gradual, duro, -dice el orador- pero valdrá la pena. “Este sistema se basa en una justicia garantista donde ambas partes, la que acusa y la acusada, se defiendan en igualdad de fuerzas”. O sea que hoy, no es así. Suena un celular con música de banda. Algunos ríen. Nunca falta.

Le toca a Magaña de la Mora, el Presidente del Poder Judicial. Tarda casi un minuto en el protocolo de saludar a cada una de las personalidades que nos honran con su presencia. Saluda al jefe del Ejecutivo, al del Legislativo, al de las Fuerzas Armadas… a todos. Luego pasa a lo importante, afianza la voz y con seguridad y convicción, con el tono de quien trae la Buena Nueva dice que este Nuevo Sistema de Justicia, con su oralidad, será mejor para todos. Las audiencias serán públicas, al escrutinio de cualquiera y no habrá pretextos para nadie. Y dice una cosa valiosa: que este es un paso trascendente para cambiar nuestra cultura de la justicia. Volteo a ver la cara de la gente buscando una reacción a semejante aseveración. No percibo nada, pero a mí me gusta lo que dijo. Ojalá. Magaña termina y avanza hacia su lugar saludando a los sentados como el jugador que regresa a la banca y es felicitado por sus compañeros. Yo subrayo en mi libreta la palabra cultura. Buen discurso.

Toca el turno al Señor Gobernador. Cómo el preciso académico que es (¿alguien habrá reflexionado que el gobernador que tenemos en Michoacán debe ser el más preparado de todos los del país?) su retórica es didáctica. Habla de volver científico el proceso por el que buscamos la justicia, da cifras de investigaciones en otras partes del mundo, revisa rápidamente el siglo XVII, el XVIII y menciona brevemente el paradigma del Método Científico. Frases sólidas y legibles. Con las tablas que da el salón de clases y los cientos de discursos que exige el protocolo de la política, explica claramente las bondades de este nuevo sistema. Parece tener la atención del salón donde varios asienten ligeramente con la cabeza, como en la misa. Aplausos.

La ceremonia ha sido breve, pero es domingo por la mañana y eso parece impregnarla de prisa. Ya para que nos vayamos se concluye con el refuerzo simbólico: el golpe de mallete que declara el ingreso de la región a una nueva era, al menos, en lo que a justicia atañe. Suena el martillo, y vuelan al ciberespacio las fotos de los reporteros. Esa será la imagen del día siguiente en los periódicos. El acto ha terminado. Podemos ir en paz…

En el desorden del final comienza el rito de siempre. Los periodistas y camarógrafos revolotean como parvada de tordos sobre las figuras mediáticas: Una declaracioncita, por el amor de dios. Afuera del improvisado templo, los puestos ambulantes venden frutas entre pistolas y enormes camionetas estacionadas en segunda y hasta en tercera fila. Las veo y recuerdo lo que dijo Magaña: el cambio de cultura.

NOTA FINAL
Concluido el evento, la voz al micrófono nos invitó a presenciar las nuevas instalaciones del Poder Judicial en el Centro de Readaptación Social de Uruapan, construidas como espacio para albergar los procesos de este nuevo sistema. Lo que sucedió fue lo siguiente:

– El Gobernador subió a su camioneta escoltada por otras camionetas que formaron un convoy al que las patrullas fueron abriendo el paso, exentándole de semáforos y otros estorbos que se supone están ahí cómo herramientas para una circulación ordenada y en sana convivencia de toda la sociedad. El gobernador llegó rápido.

– El resto nos trasladamos de otras formas, respetando las reglas de circulación pactadas en cualquier ciudad del planeta.

– Cuando llegué al sitio, la ceremonia había terminado y por tanto, me perdí todo.

Me voy a la esquina a fumar un cigarro. Me acerco a uno de los del convoy con ametralladora al pecho: ¿Tiene lumbre? Un compañero suyo me presta su cigarro encendido. Ustedes no respetan los semáforos nunca ¿verdad? Silencio. ¿Qué piensan de eso que dice Magaña de que es necesario transformar nuestra cultura? Me miran feo y paso a retirarme.