Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- “Mi madre es discapacitada y creo que de ahí agarré amor a la enfermería”, comparte para Acueducto Online una enfermera moreliana, a quien llamaremos Brenda.
Hace apenas dos años que la licenciada en enfermería finalizó su servicio social en el Hospital Civil “Dr. Miguel Silva”, mismo que la acogió en abril del presente año, justo al inicio de la pandemia por covid-19.
“Soy una persona que me gusta apoyar, el personal médico que me conoce sabe que no es mentira”, comenta Brenda desde una mesa de un café del centro histórico de Morelia.
Sin el uniforme blanco que caracteriza a las enfermeras y con el cabello recogido en un chongo, cuenta que, como todos y todas, se empeñó por encontrar un trabajo decentemente remunerado, por lo que después de varios empleos, en 2019, vio una buena oportunidad en las ofertas del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi).

“He trabajado en la Universidad Michoacana como supervisora, en INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía), hospitales privados de la ciudad, pero el sueldo era más atractivo acá. Como todos, buscaba una estabilidad”.
Fue en abril cuando la enfermera ingresó al Civil, directo al área crítica de covid del tercer piso, lo que le permitió el acceso al servicio social del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE), mismo en el que podía atender la enfermedad de su madre.
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“Mi mamá es hipertensa, tuvo un incidente con un medicamento. Tiene una discapacidad en las rodillas, o sea que no puede caminar. Tuvimos que adaptar parte del baño de casa para que ella pudiera bañarse”.

“Si tiene que subir algunas escaleras también la tenemos que apoyar. No puede salir sola a la calle porque corre el riesgo de caerse”, asevera a espaldas de sus ex compañeros enfermaros y enfermeras del hospital recién despedidos.
“Con mi empleo abastecía de comida, atención médica; Insabi nos brindó ISSSTE, ahora me quedo sin nada, sin ningún ingreso, sin ningún apoyo, sin nada…”





