Sin estrategia

Especial

Morelia / Acueducto

El pasado 27 de diciembre se produjeron lanzamientos de cohetes y proyectiles contra intereses estadounidenses en suelo iraquí lo que provocó la muerte de un contratista norteamericano. La reacción no se hizo esperar y generó un ataque norteamericano contra posiciones de algunos batallones de las milicias iraquíes en el oeste de Irak el día 29. En ese ataque, según la Multitud Popular fallecieron 25 de sus hombres y más de 50 resultaron heridos.

El hecho provocó a su vez que el 31 de diciembre seguidores de la milicia iraquí Multitud Popular —coalición formada principalmente por milicias chiítas proiraníes, que tiene el respaldo de Irán y que está integrada en el Estado iraquí— asaltaran la Embajada estadounidense en Bagdad, lo que pareció colmar la paciencia de la Casa Blanca que tiene como antecedente el episodio de Teherán en 1979.


Así fue que el 2 de enero Trump autorizó un ataque aéreo en Bagdad para matar al jefe militar más importante de Irán Qassem Soleimani. Trump justificó la acción en que tenían información de que Soleimani estaba preparando atentados contra objetivos estadounidenses, “lo hicimos para frenar una guerra, no para iniciar una” declaraba Trump acerca del ataque.

Tan sólo días después de su muerte, una decena de misiles iraníes cayeron sobre bases estadounidenses en Irak, obligando a la comunidad internacional a preguntar a la administración Trump cuál era la estrategia. Al parecer, no existe alguna.

El ataque contra Soleimani, en sí mismo, no parecía tener un argumento sustentable detrás, pues mientras funcionarios de la administración aseguraban que eliminarle era una manera de “prevenir un ataque inminente que pondría en riesgo miles de vidas estadounidenses”, nadie podía encontrarle sentido a una acción que avivaría precisamente esas posibilidades.

A pesar de los esfuerzos del Secretario de Estado, Mike Pompeo, de defender el ataque ante los medios –esfuerzos que, para algunos, le han transformado en “el Secretario de Estado más poderoso en décadas”– entender cómo asesinar a uno de los hombres más peligrosos e influyentes en el ala extremista islámica del Medio Oriente puede, en efecto, ser algo positivo.