Silvestre Sánchez, el soñador de diablos

(Foto: Cayetano Mac)

Morelia, Mich. | Acueducto Online/Cayetano Mac.- Los diablitos, muchas veces confundidos con los alebrijes, son unas figuras provenientes de Ocumicho, que llaman la atención de más de uno tanto por sus colores, como por la materialización de su forma. Silvestre es un artesano que se ha dedicado hace más de 30 años a la elaboración de estos, algo que viene de familia puesto que sus papás eran artesanos dedicados la creación de diablitos.

-¿Sabe la historia de por qué son así?

-El primer hombre que empezó a trabajar los alebrijes fue que inventó un diablo. Por eso le llaman diablos de Ocumicho.

Acerca de los colores que envuelven al barro manipulado en criaturas imaginarias y humanos, Silvestre cuenta una curiosidad de los mismos clientes y todo el tiempo que toma hacer uno de estos, más por lo práctico. “Pues los que me compran dicen que ellos mismos me dijeron que se podían hacer colores claros que estén alegres porque esto es como como pintamos negros, pues dicen que están tristes hasta la misma persona que está vendiendo o que está pintando. ¿Cuánto tiempo toman? De estos tamaños hacemos como unos diez al día (señalando una pieza de aproximadamente 15 centímetros), ya ponemos a secar hasta que completamos una o un horno para cocerlos o que ya cuando pasemos ya empezamos a pintar, un mes más o menos.”

-¿Hay alguna referencia que llega a tomar para hacerlo?

-Yo trabajo de mis ideas porque hay concursos, concursos grandes de la Ciudad de México, aquí en Pátzcuaro, en Uruapan, en Jalisco, en Guadalajara. Pues ahí como son los grandes premios, a veces son sueños, me pongo a dormir o a acostarme y empiezo a imaginarme qué es lo que voy a hacer para tratar de ganar después del concurso. Y esas son las ideas que me salen, en mi mente.

-Veo que está hablando Purépecha. Cuando sueña, ¿En qué idioma tiene esos sueños?

-En purépecha. Porque en la familia la mayoría hablamos de purépecha. Cuando salimos a vender es solamente que cambiamos de idioma.

(Fotos: Cayetano Mac)

Sobre la familia, Silvestre se siente feliz de que sus hijos continúen con la tradición. “Mis hijos están estudiando y ya saliendo me ayudan a pintar. Es seguir la tradición. Nos dicen aquí en la casa las artesanías, que no dejemos de dejar este trabajo, que hay que dejar algo de herencia a mis hijos también.”

El trabajo y dedicación que le pone a sus diablos de barro le ha traído clientes fieles, que admiran las piezas que hacen en su hogar. “Tengo clientes allá en Ciudad de México. Me dicen que estos son muy, son muy fantásticos, son muy increíbles. Y me gusta pues más de estos de barro.”

Por otro lado, recuerda amargos momentos que han tenido que vivir en la comunidad de Ocumicho, siendo depredados por gente que se beneficia a costa de su cultura y tradición, y no les retribuyen nada, como lo fue con el libro llamado Ocumicho. Vocación Fantástica. “Yo les dije Pues sabes que, ese libro es de mi pueblo, yo quiero llevar unas tantas copias. Sí, me dijo, sí, ¿pero sabes qué? Me estaba pagando cada libro que yo le ayudaría a vender 20 o 25 pesos, no me acuerdo, y son de 350. Y ahí tengo otro de Domingo de Ramos que nos había sacado en Uruapan. Y ahorita por él, por la enfermedad, pues ya no pude surtir los libros. Porque ya nunca he ido, pero ya pienso ir otra vez. Por eso lo decía. Pues no nos apoyó en nada.”

Muchas otras veces, las piezas vendidas son reetiquetadas, haciendo un borrado al trabajo de la familia de Silvestre, con el tiempo supieron como combatir eso, a manera de protesta, los diablitos presentan su firma en algún lugar escondido . Es una de las tantas formas en las que se manifiesta ese espíritu de resistencia purépecha.

Todo eso no le quita la motivación a Silvestre, que espera algún día, la comunidad reciba los beneficios de haber comenzado con la creación de tan peculiares figuras.