Morelia, Mich./Xana Zamudio/Acueducto
Una mujer con vestido blanco y botas altas, llegó a la sala donde las obras musicales de mujeres de diferentes partes del mundo serían interpretadas por músicos locales de Morelia.
«No todo está perdido para las mujeres», dijo el hombre que la acompañaba del brazo, mientras hizo una señal con la mano izquierda indicándole donde sentarse.

Diez minutos después de la hora programada para el arranque del concierto, las primeras gotas de lluvia se dejaron caer afuera del teatro. Dos parejas llegaron presurosos a buscar lugar entre las butacas.
«Las Damas de la música» anunció una voz al micrófono. Tres sopranos salieron a interpretar Seauentia: «O verga ac diadema» de Hildegard von BINGEN.

Grandes voces femeninas rompieron el silencio de la sala y de a poco tomó forma la historia de aquella partitura guardada por años.
«Madre, la de los primores», se leyó en la proyección de fondo que acompañaba el escenario. Al parecer, una obra de Sor Juana Inés de la Cruz, estaba por iniciar.
Fernanda Mendoza en contralto se unió esta vez a las sopranos en una interpretación conmovedora que acompañó el Fagot.
Las notas de Magdalena Laura, de Clara Wieck y Guadalupe Olmedo también se sumaron a la nostalgia femenina de la historia silenciada.
Un cuarteto de cuerda de músicos y La maestra Miriam Pérez Fleitas, dieron vida a cada una de las notas hasta llegar al sentir de Sofía Cano con Allegro decido, Minuetto y Rondó.
Una hora y media de música de mujeres que tomaron vida a través de la interpretación de músicos morelianos y espectadores, llevó a aquel teatro a sumergirse en la historia sonora de mujeres en silencio que, al parecer, tenían mucho que decir, mucho que sentir.





