San Pedrito creció mientras el lago se alejó

San Pedrito creció mientras el lago se alejó
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Pátzcuaro, Mich. | Félix Madrigal/ACG.- El agua llegaba hasta donde hoy ya no alcanza. Las lanchas podían acercarse a la orilla y el lago era parte del paisaje cotidiano de San Pedrito. Esther Ramírez lo recuerda porque durante 37 años ha visto cómo este lugar cambió frente a sus ojos.

A sus 77 años, Esther, originaria de Janitzio, recuerda que cuando comenzó a frecuentar San Pedrito no había construcciones ni locales. El sitio estaba cubierto de ramas y monte, por lo que los propios habitantes comenzaron a limpiarlo y a trabajar para abrir un camino de terracería que permitiera el paso de los vehículos.

Con el tiempo llegaron las primeras lanchas. Eran pequeñas, diferentes a las que actualmente recorren el lago. Después comenzaron a llegar más visitantes y se construyeron los primeros locales de una cooperativa integrada por alrededor de 14 socios.

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Cada integrante recibió un espacio y comenzó a levantar su establecimiento. Esther y su familia también instalaron ahí su negocio, que mantienen hasta la fecha.

Pero mientras San Pedrito crecía, el lago comenzaba a cambiar.

Esther recuerda que antes el agua cubría buena parte de la zona donde actualmente se encuentran los establecimientos. Las lanchas salían desde ahí rumbo a las islas, pero con el paso de los años el nivel del agua disminuyó y ahora tienen que avanzar hasta un canal donde todavía existe mayor profundidad.

El cambio también se reflejó en la pesca. En los recuerdos de Esther aparecen especies como el pez blanco, el charal, la lobina, las cheguas y otros pescados que formaban parte de la alimentación de las familias de Janitzio.

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Su esposo se dedicaba a la pesca y durante las noches salía con las redes. Al regresar, la variedad permitía preparar los pescados de diferentes maneras: asados, en caldo, dorados o incluso en tamales elaborados con hojas de maíz y verduras.

“Todo” le gustaba a Esther. En aquellos años, dice, había de dónde escoger.

Ahora el panorama es distinto. Señala que la carpa y la mojarra desplazaron a varias de las especies que antes habitaban el lago, mientras que el charal todavía aparece, aunque en cantidades mucho menores.

También recuerda el agua cristalina de aquellos años. Las personas podían acercarse a las orillas para bañarse o lavar, y desde ahí se alcanzaban a observar los peces. Incluso las llamadas culebras de agua formaban parte del paisaje.

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“Ya no hay nada”, dice Esther al recordar aquella escena.

El turismo también ha tenido sus propios cambios. Hubo temporadas en las que San Pedrito recibía una mayor cantidad de visitantes, pero con los años la afluencia disminuyó. Actualmente, los fines de semana, las vacaciones, diciembre y Día de Muertos son los periodos en los que más movimiento se registra.

Por eso, Esther espera que la nueva infraestructura turística ayude a que más personas regresen a este punto del lago.

Ella continúa trabajando en San Pedrito y al terminar la jornada vuelve a Janitzio. Así han pasado los años, entre el negocio, las lanchas y un paisaje que ya no es el mismo que conoció cuando tenía alrededor de 35 años.

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Ahora, desde la orilla, su petición es sencilla: que quienes visiten el lugar no dejen basura.

Botellas y bolsas terminan algunas veces dentro o cerca del lago, algo que, considera, solo empeora las condiciones de un cuerpo de agua que ya ha perdido buena parte de su extensión.

Esther no solo habla de un lago que ha visto reducirse. Habla del lugar donde creció su familia, donde pescaban, donde se bañaban y donde durante años encontraron una forma de vida.

Y mientras San Pedrito comienza una nueva etapa con mayor infraestructura para recibir visitantes, ella conserva en la memoria aquel lago que alguna vez llegó hasta la puerta de los locales.