Rolando Hernández, la vida de un barista en Morelia

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Morelia, Mich. | Agencia ACG.- En la calle de los Hospitales, el movimiento cotidiano marca el ritmo de quienes transitan por la zona. Entre ese ir y venir, Rolando Hernández Villanueva mantiene un oficio que comenzó desde joven y que, con el tiempo, encontró una forma particular de sostenerse: un carrito de café.

Su acercamiento a este trabajo inició hace varios años, a partir de la práctica y el aprendizaje constante como barista. Esa experiencia lo llevó posteriormente a trabajar en Berkeley, California, dentro de un entorno universitario donde, recuerda, la exigencia de los clientes formaba parte del día a día.

La idea del carrito fue tomando forma a partir de referencias que observó sobre cómo en otras regiones se utilizan formatos móviles para vender café en la calle. Menciona que este tipo de propuestas son comunes en lugares de Sudamérica, Centroamérica y Europa, donde el consumo no siempre depende de un local fijo. Con esa base, decidió adaptar el concepto a la dinámica de Morelia.

El proyecto no surgió de manera inmediata. Fue creciendo poco a poco, ajustándose a la rutina de la ciudad y a la forma en que la gente se mueve. El carrito le permitió continuar con su oficio sin separarse del contacto directo con quienes pasan por la zona.

Desde entonces, la jornada se construye en lo cotidiano, pedidos breves, intercambios rápidos y algunos momentos de conversación. Hay personas que regresan con frecuencia y otras que se detienen por primera vez, en un flujo que cambia según el día.

En ese proceso, Rolando también ha desarrollado una forma propia de trabajar. No utiliza una sola marca de café, sino que prepara mezclas con granos de distintas regiones del país como Chiapas, Oaxaca, Veracruz y Michoacán, además de cuidar el tipo de tostado para lograr un sabor particular. A esto se suma la posibilidad de ajustar cada bebida según lo que prefiere quien la pide, ya sea más intensa, más suave, con leche, sin azúcar o con variaciones que no siempre están en un menú fijo.

Parte de su interés, explica, ha sido que las personas puedan distinguir entre distintas formas de consumir café. Desde su experiencia, en la ciudad han convivido durante mucho tiempo opciones más inmediatas con otras preparaciones más cuidadas, y considera que poco a poco más personas se interesan en notar esas diferencias.

También reconoce que este cambio no ocurre de manera aislada. En Morelia existen cafeterías con trayectoria, algunas con varias décadas, que han contribuido a formar un público constante. Entre ellas menciona espacios como Café de la Parroquia, Café Europa y La Guarecita, que forman parte de esa historia alrededor del café en la ciudad.

Además de su punto habitual, el carrito también se traslada a otras zonas como Vasco de Quiroga, Chapultepec o el Deportivo Venustiano Carranza, sobre todo cuando hay eventos o concentraciones de personas. De igual forma, ofrece servicio para actividades privadas, lo que le permite mantener el proyecto en movimiento.

El nombre de “Hielido Café Móvil” surgió como una solución práctica, nombrar sus bebidas frías sin recurrir a términos ya registrados. Es una palabra inventada que hace referencia directa al hielo y que, con el tiempo, terminó por dar identidad al proyecto.

Rolando resume su relación con el café en una idea sencilla, cada persona encuentra su propio gusto. Bajo esa lógica, su trabajo no busca imponer una forma única de tomarlo, sino adaptarse a quien se acerca.

Aunque contempla la posibilidad de crecer y colocar más carritos en distintos puntos de la ciudad, por ahora su rutina permanece en lo inmediato, en la calle, en el paso constante de la gente y en un oficio que ha sostenido durante años, entre la experiencia acumulada y la vida diaria.