Morelia, Mich./Xana Zamudio.- Los recovecos citadinos se encuentran rodeados de los espacios menos esperados, pintados de azul o manchados de líneas balbuceantes, o, misteriosamente voceándose en las paredes sin ser comprendidos u observados.

Imagen: Xana Zamudio
Lo que sí es claro y caldoso es el sol de las 2 de la tarde al sur de la ciudad, en medio de las líneas gordas, donde algunos deslizan sus patinetas echándose a la aventura del aire, para dos o tres veces probar el suelo.
“Vendo chocolates de a peso”, dice un niño de escasos 8 años, “aunque mi mami dice que ya hay que subirlos a dos para que comamos más”, recuerda mientras saca los dulces de entre su bolso.

Imagen: Xana Zamudio 
Imagen: Xana Zamudio
Acto seguido, acompañado de su pequeña pandilla y sin patineta, sube ágilmente por la rampa “skate”, para después lanzarse en medio de las risas y un tremendo ímpetu de repetir la hazaña. “Ahora en aquella, ¡corran!”.
Extasiados entre el júbilo infantil y pintoresco, la tarde se convierte de pronto en un abrazo, “ese muro donde dice “LOVE”, lo hicimos nosotros”, señala orgulloso uno de ellos. “Aquí venimos siempre a jugar, de aquí somos”.






