Morelia, Mich./Xana Zamudio.-
“Lo que más recuerdo de mi papá es la insistencia que tenía él de decirnos que estudiáramos. Con él no había descanso, por la mañana nos levantábamos a sembrar maíz cuando llegaba marzo y para el 18 ya tenía que estar listo todo”.
Abdallán Guzmán Cruz se quedó sin su padre, Jesús Guzmán Jiménez, desde hace 46 años, al igual que sin sus cuatro hermanos; Amafer, Armando, Solón y Venustiano, todos ellos de Tarejero, Municipio de Zacapu y reportados como desaparecidos por militares y policías federales y locales en los años 1974 y 1976.
“Para que no nos lastimara la tierra a la hora de la siembra, porque pica mucho los pies y el cuerpo, nosotros nos íbamos desde las 4 de la mañana. Un día regresamos con un hermano a las 10 y mi papá non preguntó, ¿terminaron? Pues no, no terminamos, venimos a bañarnos porque pica mucho la tierra, le dijimos”.
El profesor Abdallán dijo nunca olvidará la respuesta de su padre, “que nos dice, pues hasta que no se impongan, porque no los quiero aquí, porque no quiero que sean campesinos, porque quiero que sean estudiantes, porque quiero que tengan una vida diferente, que no se anden matando, pero hay que sufrirle ahorita”.
Con una vida campirana y la perseverancia de alcanzar el sueño de su padre, que se volvió propio; llegar a ser algún día profesionistas, los 5 hermanos Guzmán Cruz, migraron hacia la capital michoacana en busca de mejores oportunidades.
“Cada vez que íbamos al rancho, él nos preguntaba cosas. Él estudio hasta tercero de primaria, pero por su cuenta aprendió muy bien la música. Era director de orquesta de Tarejero, y traducía la canción a notas de los diferentes instrumentos musicales”.
“Él decía, tampoco quiero que sean músicos, quiero que sean abogados, ingenieros, contadores, médicos, eso es lo que más recuerdo, lo que recodamos todos, porque finalmente, mis hermanos menores y mis hermanas, las que todavía viven, todas tienen profesión, todos estudiamos”.
Con una vida sencilla y de arduo trabajo, don Jesús tallaba sus días, mientras sus hijos desarrollaban una vida académica e iban perfilándose para las filas militantes del Movimiento de Acción Revolucionaria, encabezado por Amafer; de tal manera y fuerza que fueron perseguidos, torturados y desaparecidos.
“A todos los jóvenes de la edad de nosotros, los agarraban casa por casa, se los llevaban a la cancha del pueblo, los desnudaban, hombres y mujeres parejos, y con las caderas hacia arriba les pegaban con tablas. Escogían al azar, y les preguntaban si ellos conocían a Amafer”.
“A mi padre lo torturaban y lo dejaban en el río de Tarejero, pues aunque estuviera inconsciente él reaccionaba por el agua y regresaba en las madrugadas a la casa, a pesar de que la gente le decía que se fuera, él decía “por qué me voy a ir, pues, si no he hecho nada”.
Amafer fue el primero, pero su ausencia, no bastaría para conservar la presencia de su padre, a tan sólo ochos días de que su hijo fuera detenido y desaparecido, don Jesús no ha vuelto a casa, los últimos rastros, relató Abdallán, fueron por las cárceles clandestinas del campo militar número uno, en la década de los setenta.





