Morelia, Mich./Acueducto.- La investigadora Severine Durin hace un llamado para que los empleadores inscriban ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) a sus trabajadoras “Una persona que tiene la capacidad económica de emplear a una trabajadora del hogar puede hacer la aportación que le corresponde, que es mínima. Es momento de garantizar el derecho a la salud”.
Petra llevaba 15 años haciendo la limpieza de una casa de Puebla. Pero hace dos meses, por culpa del coronavirus, se quedó sin ese empleo.
“Tuvieron miedo porque para transportarnos nosotras tenemos que usar transporte público. Me dijo que ya no fuera, que íbamos a esperar dos semanas, porque le preocupaba mi salud, y principalmente la de ellos, me dijo… Le dije que sí, que me avisara, pero pasaron las dos semanas, y luego pasaron otras dos, y luego hasta ahorita y no me ha hablado”, lamenta.
Solía ir cuatro días por semana, pero nunca fue fijo: su jefa le llamaba cada vez que quería algo, y ella iba. Poco a poco le había ido aumentando el sueldo y ya cobraba 300 pesos al día, pero no recibió ninguna compensación ante la situación actual.
A pesar de llevar tantos años en la misma casa, como la mayoría de trabajadoras del hogar, no tenía contrato, ni la habían inscrito en la prueba piloto del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) para dar seguridad social, que en un año apenas ha tenido menos de 20 mil afiliadas, según datos del propio organismo, de los más de 2 millones de trabajadoras de este tipo que hay en el país.
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Petra tiene dos hijos y está separada del papá, así que aunque su hija le pide dinero, solo le da “para sus tortillas”, dice. El más chico estudia el bachillerato, pero como no está teniendo clases, se están ahorrando los gastos de ir y venir y comer fuera.
Su salvación económica han sido sus pocos ahorros y que a una tía suya la operaron y entonces la está cubriendo en hacer también limpieza en la casa de un señor extranjero con el que prácticamente no tiene contacto físico. Y aunque le preocupa el contagio de COVID-19, más le preocupa quedarse sin dinero.
La académica del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), Noroeste Séverine Durin, explica que en el caso de trabajadoras de planta, que son alrededor del 10% del total, subraya que si se van a quedar en la casa de los empleadores, hay que establecer pago de horas extras, y no solo eso, sino también hacer acuerdos de los horarios laborales y los días de descanso, para no caer en explotación.
Recomienda que como va a aumentar el trabajo de higienización en las casas,no cargarles la mano, entonces descargarlas de otras labores: si le piden limpiar más, que hagan menos de cuidado, por ejemplo.
Sugiere que los miembros de la familia también asuman más labores del hogar, como encargarse de las niñas y niños que están sin ir a la escuela, porque la empleada no puede estar detrás de ellos a la vez que limpia y cocina.
Por último, proveerlas de cubrebocas y alcohol en gel si son quienes van a estar saliendo de la casa a hacer las compras. Y garantizar que mantengan el contacto con sus familias y seres queridos, ya que van a estar lejos de ellos.
Con información de Alberto Pradilla, Ixtaro Arteta, Animal Político.





