“Pobres, sufrieron conmigo”

Redacción/Cristian Ruiz

Una profesión que lo ha llenado de grandes enseñanzas y satisfacciones, es como Alfonso Vargas Chávez, define el hecho de ser profesor desde hace  más de 40 años en los niveles de educación básica y media superior, en  el interior del estado.

Aunque no ha sido una tarea fácil, Vargas Chávez recuerda que sus primeros acercamientos a la labor docente fue cuando realizaba su servicio militar y al contar con estudios se asignó la tarea de alfabetizar a sus compañeros.

Además, cuenta, de que al concluir su bachillerato estuvo un tiempo en un poblado de Ciudad Hidalgo llamado La Toma, donde obtuvo una plaza de fomento educativo, hoy Conafe; donde tuvo a su cargo dos grupos.

Sobre sus inicios en la enseñanza, el profesor hizo mención que le tocaron algunos grupos de cuarto y quinto de primaria donde le costó trabajo al principio mantener el control sus alumnos, perfeccionando con el tiempo la forma de mantener el orden y sus métodos de enseñanza.

“Al principio me costó trabajo estar con los grupos, pobres niños sufrieron conmigo, pero conforme pasó el tiempo agarré experiencia porque no es lo mismo cuando haces prácticas en la escuela cuando ya estás solo y eso se va mejorando con el tiempo”

Aunque trabajó durante mucho como profesor de biología en una secundaria particular, las materias que más tiempo estuvo impartiendo fueron español y literatura; donde se preocupaba para que los jóvenes adoptaran el hábito de la lectura.

“Yo ponía a mis alumnos a leer un libro al mes, después de que lo leyeran les pedía la ficha bibliográfica y los sentaba a mi lado para que me platicaran del libro, porque luego algunos hacía trampa y de esta forma podía saber si realmente leyeron o no”.

Una anécdota que recuerda sobre esta dinámica en sus clases, fue que tuvo una alumna que le llegó a presentar 14 libros leídos en un mes, mientras que otros adoptaron el hábito de leer y llegaban con él para explicarle libros sin que él se lo pidiera.

Asimismo, comentó que tuvo alumnos que después se convirtieron en docentes y ha podido encontrarse con ellos, recibiendo el agradecimiento de ellos como parte primordial de su formación, señalando que eso es una gran satisfacción.

De igual forma, comentó que el hecho de que un alumno desertara o no se desempeñara bien dentro de sus clases, significaba un fracaso para él como docente ya que buscaba formas de ayudar a la compresión y desarrollo de los jóvenes dentro de su materia.

Tras un largo tiempo de estar frente a grupos, fue ascendido para desempeñarse como subdirector en la preparatoria donde laboraba, mencionando que a pesar de ello siguió velando por el desempeño educativo de sus alumnos.

En el ámbito personal, Alfonso cuenta con cinco hijos, de los cuales una de ellos se desempeña como profesora de comunicación en una universidad, asegurando que le ha brindado su apoyo y compartido parte de su experiencia como docente.