Plaza Valladolid, cerca de Dios y lejos de los morelianos

Morelia/Acueducto

Morelia se caracteriza por albergar dentro del Centro Histórico puntos que ofrecen tanto a habitantes como visitantes diversas opciones de entretenimiento, tal es el caso del Jardín de las Rosas para los amantes del arte y la Plaza de Armas para aquellos que prefieren topar de frente la cultura de la entidad.

De manera especifica, estos puntos se tornan más pacíficos y coloridos los domingos, día en que familias enteras aprovechan para dejar de lado el ajetreo laboral y disfrutar ya sea de un helado, un gazpacho, o bien algún paseo en bicicleta, patines e incluso los más intrépidos en patineta.

Pero hay un punto en especifico que en contadas ocasiones logra congregar a las personas, olvidado quizá por omisión o también por no contar con alguna sombra que cubra la ya de por sí bronceada piel de los morelianos, estamos hablando de la Plaza Valladolid, conocida popularmente como San Francisco.

SanFra como los millenials se refieren a ella, difícilmente es sede de algún evento ya sea político, de espectáculos y muy por debajo de las expectativas, de uno deportivo; acontecimiento que dependiendo su relevancia acapara las miradas y asistencia de los transeúntes.

Y es que viene al caso porque justo hoy la Comisión Estatal de Cultura Física y Deporte (CECUFID) organizó su exhibición deportiva, la cual mantenía bajo los rayos del sol, uno de esperanza, que podía traducirse en la posibilidad de acercar a la ciudadanía alguna disciplina deportiva y ¿Porqué no? una que otra inscripción a ellas.

Al acercarnos para ser testigos de la demostración de Balonmano (que en reiteradas ocasiones fue voceada como abierta al público) las personas preferían correr del caluroso sol de mediodía, tomar su transporte o simple y sencillamente pasar a escuchar misa.

Sin duda este deporte comparte el olvido del mencionado punto de encuentro, ya que la popularidad de ambos radica en sus adversarios: para el balonmano, el fútbol y para la plaza, el jardín Morelos, de Capuchinas, Villalongin o cualquier otro que cuente con una sombra para mitigar el ambiente citadino.

Nacidos para recrear al ser humano, esperemos que ambos casos obtengan pronto mayor popularidad y que no se queden ni tan cerca de dios ni tan lejos de la gente.