Morelia/Enrique Castro
En una pequeña calle un poco escondida, en una colonia de la periferia de Morelia, todos los días de las 19:00 a 23:00 horas María de Jesús, su esposo y su hijo preparan el carrito de hamburguesas para comenzar a vender.


Los niños juegan ahí cerca mientras la noche comienza a caer. La familia trabaja y sonríe, aún con las complicaciones que tienen, María de Jesús camina ayudada de su esposo, la prótesis de su pierna ya le cansó porque «pesa mucho, casi 7 kilos», luego se sienta en una silla frente a la puerta para cuidar a uno de sus nietos que juega en la bicicleta.

Y es que la familia fue marcada, de por vida, por el atentado narco terrorista suscitado el 15 de septiembre del 2008, en la plaza Melchor Ocampo, durante la ceremonia del Grito de la Independencia, y que cimbró al país, al estado y más aún a Morelia.
Ahí, el estallido de una granada alcanzó a María de Jesús, provocándole que la pierna
izquierda le fuera amputada, pero sin extraerle del todo las esquirlas que desde ese entonces viven con ella, en su cuerpo.

A la distancia de aquella noche, hoy, María de Jesús platica que después de muchos años, “volvemos a retomar nuestras vidas, somos comerciantes de comida, mi hijo salió con un proyecto agradable y le dieron un carro de hamburguesa».
El actual gobierno del estado les otorgo un apoyo solo durante un año para que puedan ayudarse con los gastos, sin embargo » es un poco difícil para aclientarse, pero ahí vamos, lo obtuvimos a través de la Atención a Víctimas”.

Pocas personas pasan por la calle, los niños juegan y María de Jesús sigue platicando, pero tiene «un ojo al gato y otro al garabato» ya que cuida al nieto de no atravesar la calle mientras los demás miembros arreglan el negocio: «mi hijo estudio para chef y como no tiene empleo, nos dijeron que había proyectos y pues si salió seleccionado».

Él, no sufrió heridas por la granada, aunque la gente que salió corriendo lo lastimó de la espalda, en ese tiempo, recuerda, tenía 16 años, ahora tiene 26; aun así, sigue con dolores que al parecer tendrá de por vida.
A la entrada de la casa, la pared luce pintada por una bandera de México, claramente los niños fueron los autores, a lo que María de Jesús dice «si nos genera algo, pero una alegría porque ellos son chiquitos, no tienen malicia, no les hemos formado que eso es malo, ahorita me estaba diciendo, vamos a ir al Grito y yo les dije que si, pero no muy tarde».
Más tranquila y entrada en plática, poco se quiere recordar de ese fatal día, ahora la vida es diferente, la enseñanza y el sentimiento es otro: «Dicen que el perdonar no es olvidar, y si, nosotros de corazón perdonamos a las personas que hayan hecho esto, porque es probable que ni ellas mismas sepan porque lo hicieron…
“En mi corazón y pensamientos siempre he sentido eso, que las personas que lo hicieron fueron encaminada a hacer esas cosas, la situación ya no es para sentarnos y ponernos a llorar, sino levantarnos y echarle todas las ganas del mundo».
Y, termina la charla con una ligera sonrisa, su prótesis descansa a un lado de ella, mientras observa cómo su hijo atiende al primer cliente del carrito”.





