En las redes sociales el historiados y académico José Herrera Peña compartió su postura ante la polémica de la misiva que envío el presidente López Obrador al Rey de España Felipe VI y al Papa Francisco, para solicitarles una disculpa pública por los hechos de casi 500 años atrás. A continuación compartimos la postura de este catedrático:
1. LA COMEDIA DEL PERDÓN
Hace casi cuatro años, el papa Francisco pidió perdón a los pueblos originarios de América por el maltrato que sufrieron durante la conquista.
Hace más de tres años, Felipe IV, rey de España, un rey que reina, pero no gobierna, exigió a los países iberoamericanos que le pagaran indemnización a España por los conquistadores que mataron hace quinientos años.
Hace unos días, el presidente AMLO planteó al gobierno de España y al papa Francisco que pidan perdón a los pueblos originarios de América por los crímenes de la conquista.
El papa Francisco no respondió que él ya había pedido perdón, sino declinó la invitación de México para asistir a la celebración del bicentenario de la consumación del de la independencia nacional en 2021.
El monarca español Felipe IV, a su vez, expresó que hace quinientos años España no existía y que si los indígenas sufren, no es por el recuerdo de la conquista, sino por la indiferencia del gobierno mexicano.
HECHOS HISTÓRICOS.
1. Hace 500 años, España no existía, México tampoco.
En la península había un conglomerado de reinos y señoríos, de los cuales fueron adquiriendo mayor importancia los de Castilla y Aragón, al unirse en matrimonio la reina Isabel y el rey Fernando, sin que los reinos a su cargo perdieran su personalidad jurídica propia, ni su libertad, ni su independencia. De este modo, la empresa de Cristóbal Colón, por ejemplo, fue exclusiva de la corona de Castilla, y las tierras y mares que fueran descubiertos por el navegante, de su exclusiva jurisdicción.
A los pocos años, los reinos de la península ibérica se reunieron bajo una sola corona, la de Carlos I (Carlos V emperador de Alemania) de tal suerte que el título oficial del soberano fue el de rey de las Españas y de las Indias. No había una sola España, sino varias, y no sólo en la península, sino también en América, las cuales se establecieron a imagen y semejanza del reino de Castilla.
El reino de España, que suplió al reino de las Españas y de las Indias, fue establecido hasta 1812, dividido en tres Poderes, y convirtió a los reinos americanos, los cuales habían tenido hasta entonces personalidad jurídica propia, en provincias dependientes de la España única. En 1836, este reino, restablecido sin sus provincias de ultramar, firmó el tratado de amistad y alianza con la “república de México”, vigente hasta la fecha.
En Mesoamérica, por su parte, había otro conglomerado de naciones, a las que los españoles llamaron reinos, y a sus gobernantes reyes, sin ser ni una ni otra cosa, porque se gobernaban a base de consejos, cada uno de ellos con sus propias leyes, lenguas, culturas, economías, tradiciones, usos y costumbres, sin depender unos de otros. A la llegada de los españoles, los recibieron con regalos e hicieron el comercio, aunque también la guerra, e hicieron asimismo con ellos la paz y las alianzas.
La guerra contra Tenochtitlán, capital del imperio mexicano, que no era imperio, la hicieron un millar de españoles, 20 mil tlaxcaltecas y varios miles de indígenas de otras naciones originarias. Por eso no es exagerado decir que la conquista la hicieron los indios, más que los españoles, aunque dirigidos por estos.
A los pocos años, después de un gobierno unipersonal y dos audiencias, se estableció el reino de Nueva España, bajo la autoridad soberana del rey de las Españas y de las Indias, formado por las repúblicas de españoles y las repúblicas de indios. Las Leyes de los Reinos de Indias ordenaron que se respetaran las propiedades, lenguas, culturas, autoridades, leyes, usos y costumbres de los pueblos originarios, salvo las que ofendieran la moral cristiana.
El titular del estado era el rey, quien lo gobernaba a través de sus empleados transitorios que nombraba y removía libremente, entre ellos, virreyes, gobernadores, magistrados de las audiencias, capitanes generales y comandantes generales, obispos y arzobispos, intendentes y superintendentes, etc.
Decir reino es decir nación, reino-nación, estado-nación, libre, independiente de otros estados, reinos o naciones, pero no soberano, porque el soberano era el rey. México todavía no existía. Lo que existía era el reino de Nueva España, que en 1810 fue llamado América Septentrional, en 1814, América Mexicana, y en 1821, Imperio Mexicano.
El Estado nacional mexicano surge bajo la forma imperial de Gobierno. México nunca ha existido, hasta la fecha. Lo que existen actualmente son los Estados Unidos Mexicanos. En 1836, cuando se firma el tratado de paz y alianza con la monarquía española, nuestro país acababa de establecer una república centralista con el nombre de República Mexicana o República de México.
2. NO HAY AGRAVIOS HISTÓRICOS.
Si hace 500 años España no existía, ni México tampoco, ni éste, ni aquélla pudieron causarse agravios mutuos. No hay nada que reprochar, nada que perdonar.
Los descendientes de los conquistadores no son españoles, sino mexicanos. Ellos vinieron solos. Aquí formaron familia, tuvieron hijos y murieron. Los restos de Hernán Cortés no están en España sino en México.
En 1810 se inició la guerra de independencia que terminó en 1821. Durante once años, los ejércitos americanos pelearon contra los ejércitos españoles formados con americanos. Fue una guerra atroz, sin cuartel, de exterminio, cero prisioneros, por parte del gobierno español de México, y conforme a las leyes de la guerra, por parte del gobierno americano.
Entonces sí surgieron los agravios entre la España única y la nación que buscaba su
libertad y su independencia para ejercer su soberanía. Al consumarse la independencia, España trató de recuperar su posesión por la fuerza de las armas, y la República Mexicana no sólo rechazó con éxito la agresión sino también expulsó a miles de españoles.
Sin embargo, en 1836, al firmarse el Tratado de Paz y Alianza entre las dos naciones, se aprobó la siguiente disposición:
ARTICULO II.
Habrá total olvido de lo pasado, y una amnistía general y completa para todos los mexicanos y españoles, sin excepción alguna, que puedan hallarse expulsados, ausentes, desterrados, ocultos, o que por acaso estuvieren presos o confinados sin conocimiento de los gobiernos respectivos, cualquiera que sea el partido que hubiesen seguido durante las guerras y disensiones felizmente terminadas por el presente tratado, en todo el tiempo de ellas, y hasta la ratificación del mismo.
Y esta amnistía se estipula y ha de darse por la alta interposición de S. M. C., en prueba del deseo que la anima de que se cimente sobre principios de justicia y beneficencia la estrecha amistad, paz y unión que desde ahora en adelante, y para siempre, han de conservarse entre sus súbditos y los ciudadanos de la república mexicana.
Tratado vigente hasta la fecha. 28 marzo 2019.





