Pátzcuaro, el fin del principio…

Foto: Samuel Ponce Morales

Pátzcuaro/Diana Guerrero
La última parada del viaje fue en Pátzcuaro, un lugar que nunca me cansaré de visitar, siempre me parece alegre incluso si está lloviendo.
El primer establecimiento al que llegamos fue la mezcalería “El Carajo”, que es ya muy conocida en la ciudad; la atención es de primera, quienes atienden el lugar te tratan como si te conocieran de toda la vida, me sentí muy cómoda. Es un buen lugar para platicar, pasarla bien, y conocer gente.Después de unos cuantos mezcales, buscamos un lugar para comer y lo encontramos en frente de la plaza, nos deleitamos con pasta al pesto, una pizza, y no podía faltar el vino tinto, sumando a esto, un buen ambiente, buena música y paisaje.
Era la tarde perfecta, y para cerrar con broche de oro, llegó un hombre cantando ópera, escucharlo te enchinaba la piel; así de increíble su talento.
Estando en lugares así, no quieres marcharte, pero tenía que, para poderme ir de Pátzcuaro tuve que pasar por la famosa nieve de pasta, una vez hecho esto, partí con mis compañeros de viaje de regreso a Morelia. El camino fue lluvioso, pero no menos disfrutable.
Al llegar a nuestro destino, ya era de noche y me encontré muy feliz de haberme dado la oportunidad de salir de la rutina, y estoy segura que haré esto más seguido.