Morelia, Michoacán.- Miles de velas encendidas, flores de cempasúchil, copal y ofrendas comenzaron a iluminar los panteones de Michoacán durante la Noche de Muertos, una celebración en la que familias de distintas comunidades se reúnen para honrar a sus seres queridos y mantener vivas las tradiciones que han pasado de generación en generación.
El secretario de Turismo de Michoacán, Roberto Monroy García, señaló que esta festividad convierte a los cementerios y hogares en espacios de encuentro con la memoria, donde la tradición preserva el vínculo entre quienes permanecen y quienes, de acuerdo con las creencias, regresan simbólicamente para convivir con sus familias.
De la región lacustre hasta la costa, municipios y comunidades abren panteones, plazas y espacios públicos para celebrar esta fecha mediante velaciones, ceremonias ancestrales, altares y diversas expresiones culturales que forman parte del patrimonio vivo de Michoacán.

Durante la noche del 1 de noviembre, las tumbas son adornadas con flores, veladoras, alimentos, bebidas y objetos que evocan la vida de las personas fallecidas, como una forma de recordar su historia y recibirlas nuevamente en el seno familiar.
Janitzio, Tzintzuntzan y Jarácuaro preservan sus rituales
En la región del lago de Pátzcuaro, la celebración conserva algunas de sus manifestaciones más representativas.
En Janitzio, las familias permanecen en el panteón junto a las tumbas iluminadas por cientos de velas, mientras las ofrendas reciben a las ánimas conforme a la tradición.

En Tzintzuntzan, la conmemoración incorpora artesanías de loza negra y blanca, ángeles elaborados con paja y piezas talladas en madera que complementan los altares familiares.
En Jarácuaro, los arcos de cempasúchil, las ceremonias comunitarias y las danzas tradicionales forman parte del recibimiento dedicado a los difuntos.
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Una tradición que fortalece la identidad de Michoacán
Monroy García destacó que la Noche de Muertos representa una de las expresiones culturales más importantes de Michoacán y una manifestación profundamente ligada a las raíces purépechas.
Señaló que, para las comunidades, esta celebración no representa una despedida, sino un reencuentro con quienes forman parte de la memoria familiar y colectiva.

Cada localidad conserva sus propios rituales y formas de recibir a sus difuntos, pero todas comparten el respeto, el cariño y la memoria como elementos que mantienen vigente una tradición reconocida por su riqueza cultural y que cada año atrae a visitantes nacionales e internacionales.



