Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- “Conozco a más parejas que entre ellas viven violencia. Y creo que también tiene que ver con la homofobia y el tabú que todavía existen en la sociedad”, comenta Celeste Maldonado, una joven de la comunidad LGBT en Michoacán que hoy se convirtió junto con su ex esposa, en la novena pareja homosexual divorciada en el estado, luego de más de 8 años de matrimonio.
“Como toda pareja heterosexual, fue de altas y bajas; fue una experiencia bonita, no voy a hablar mal, al contrario, yo le agradezco mucho a ella, pero también hubo su parte mala. La violencia que se ejercía dentro de la pareja como tal, fue por lo que yo tomé la decisión de divorciarme”.
Y, aunque confiesa que los episodios de violencia fueron por ambas partes y por cuestiones personales, el entorno en el que se desarrolla un matrimonio entre dos personas del mismo sexo, sigue siendo complicado, a tal grado de generar conflictos internos por la no aceptación social y familiar.
“Dentro del ámbito familiar sí hubo varias cuestiones, en su momento no lo platicábamos, pero sí tuvo mucho que ver; los conflictos eran tanto de la familia de ella como la mía, eso nos llevaba a tener problemas”.
El rechazo, confiesa, es un factor determinante para las parejas de la comunidad, “a veces eso nos lleva a tener una actitud un tanto, ‘estoy enojada con la sociedad porque no me acepta, y voy contra mi pareja”.
Celeste hoy parte tranquila del registro civil, sin ningún contratiempo ni discriminación, pero admite que aún hay mucho por hacer en materia jurídica que respalde los derechos humanos de la comunidad.
“Hay muchas leyes que todavía aquí en el estado no se encuentran reguladas sobre este tema, todavía nos hace falta crecer un poco en el marco legal de nuestro estado, falta cultura de la sociedad”.
Así mismo, puntualiza “faltan reformas al código familiar y, en algún momento dado, hasta el código penal. A veces existe violencia entre las parejas homosexuales, y no hay algo que regule algún delito que se pueda llegare a dar”.





