“Nunca vi una creciente tan brava…”

Foto: Alan Ortega

Peribán/Julieta Coria

La señora Imelda Nepita Arroyo es una de las afectadas de la tromba que azotó en Peribán, a las afueras de su casa se encuentran restos de muebles de madera, una estufa, muchas telas y ropa; nos deja pasar a su casa y nos muestra el nivel del agua, que alcanzó casi dos metros en esta zona; las actas de nacimiento se secaban en la azotea, “ya nos dijeron que si ocupamos papeles, nos los dan”, me dijo, al cuestionarle sobre ellas.

“Gracias a Dios nosotros nos alcanzamos a salir, cuando la creciente llegó, pero uno de mis hijos se nos andaba ahogando” lamenta.

Foto: Julieta Coria

Tiene una casa grande, caminamos tras la mujer y nos lleva; los cuartos húmedos y agrietados en donde apenas unas horas atrás era habitados por al menos ocho integrantes de la familia, habían desaparecido. En frente, se veía lo que quedó de una casa, en un espacio ahora vacío y solo algunos restos de muebles entre el lodazal “allá vivía mi nuera con mi hijo, que se salvaron de milagro, vivieron el susto de su vida”

“Yo estaba en la casa comiendo, cuando oímos el ‘ruidaje’, una de mis hijos me gritó que me saliera, cuando salí ya venía la creciente, y salí corriendo a la esquina porque lo hilos de la luz estaban haciendo corto”

Foto: Julieta Coria

En cuarenta años que llevaba viviendo en su casa jamás presenció algo tan fuerte como lo que esa noche sus ojos vieron.

Uno de sus hijos se quedó atrapado “tuvo que nadar para salir, se le trabó la puerta principal y fue que con unos vecinos que andaban por ahí tuvieron que tirar la ventana para que pudiera salir, pero no la andaba contando” dice recordando el terrible suceso “lo alcanzaron a sacar”.

Foto: Julieta Coria

Sintió un alivió cuando vio a su hijo fuera del agua, “gracias a los vecinos y a Dios está vivo”.

Junto a la casa de Imelda, otro de sus hijos empezaba a construir, apenas llevaba un cuarto levantado ahí vivía con su esposa “ellos iban a salir a misa y dejaron su cuarto cerrado y todo, y pues la corriente se llevó todo, si no van a misa, se los lleva a ellos también”.

 “Los zapatos de los niños que acababan de lavar para la escuela, se fueron (…) Se abrió la puerta y todo se fue”, expresa Imelda, de cabello largo, canoso y con ojos preocupados. Ella ayudaba un taller de costura, y en esta tromba perdió ropa, “propia y ajena”. “La lavadora andaba flotando, y ahí quedó”, dice, y señala el aparato recargado en una pared, al lado de la puerta, húmedo y lleno de lodo. “Fue cosa de segundos, en cuanto bajamos el agua ya nos llegaba a la cintura”, lamenta.

Foto: Julieta Coria

Imelda no quiso pasar la noche en un refugio, una de sus vecinas le dio asilo. A la mañana siguiente que regresó se encontró con la desgracia de ver su casa (o lo que quedaba de ella) en ruinas.

“Vi bien feo todo, sentí mucha tristeza, los muebles no me van a servir para nada, no esperaba una tragedia tan fea, fue todo muy rápido todo, en más de cuarenta años que tengo aquí, nunca vi nada como esto, nunca vi una creciente tan brava como la de esta”.

Foto: Alan Ortega

La esperanza de Imelda, ahora está en manos del gobierno “con que al pasito nos ayuden a reconstruir todo, con eso, nada más, las vidas gracias a Dios aquí estamos…”

Como dijeron ahí, “¿pues ya qué hace uno sino seguir?”.