Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- “El rol de los abuelos y las abuelas es recordarle a la gente que existe algo más allá de la persona que no es su cuerpo, su vida, su trabajo, su dinero, que también tienen valores íntimos, virtudes, y que hay que conservar el amor al campo, a la agricultura”.
De la región Purépecha de Zacapu, Leonor López, mejor conocida como “La abuela Leo”, ha sido guiada desde muy pequeña por la filosofía de los abuelos que, curiosa, siempre procuró aprender de ellos.
“En mi niñez eran abuelos los que tenían nietos, ahora en la sociedad son los que tienen hijos y nietos para después, llevarlos a casas de descanso a donde los abandonan”, comenta triste, pues considera que en la actualidad las sociedades han desplazado la importancia fundamental de los adultos mayores.

“Nuestros ancestros jamás abandonaban a un abuelo, porque un abuelo era el guardián de la cultura, de los valores humanos, de la salud, ellos eran todólogos, no porque hubieran estudiando, sino que los conocimientos acumulados los hacían sabios”.
De voz serena y amorosa, relata la etapa donde empezó a reconocer en sí misma el momento preciso de convertirse en abuela y la importancia de instruir sobre la vida a las más jóvenes, más allá de que los propios nietos le otorgaran el papel.
“En las culturas anteriores, te reconocen a los 52 años, te dicen que ya has vivido tus cuatro trecenas de años, entonces te reconocen como abuelo o tata. A las mujeres también se les hace una ceremonia a las que se le llama nanas”.

“Yo me di cuenta que estaba preparada porque ya no tenía mucho qué hacer. Alguien me dijo que estaba en la edad de la abuela, que era hora de enseñar, de liberar depresiones, hora de estar tranquila, y lo tomé muy enserio”.
Ocho nietos acompañan su caminar, que es cada vez más lento, aunque siempre con la fortaleza del conocimiento adquirido durante los casi setenta años andando en este plano.
“Extraño la fuerza y la vitalidad, yo caminaba iba y venía, poco me quejaba, tenía entonces dos turnos de trabajo. Ahora me compensa la fuerza de la experiencia”, comenta sonriente y agradecida, pues dice ser afortunada por llegar a esta etapa. “Yo soy afortunada, no toda la gente se hace vieja y vive para contarlo”.
Y, aunque todavía tiene muchos planes para recorrer y seguir viviendo el mundo, está segura que su partida será tranquila, “estoy preparada, es uno de los beneficios de la edad, uno pierde el miedo, cuando pierdo el miedo a los maltratos, a las enfermedades, se recupera una cierta salud, una cierta tranquilidad”
“Si me muero mañana, no importa, no le debo nada a nadie, seré muy feliz el día que me vaya…”





