Morelia/José Manuel Alvarado
La última y nos vamos. Con un traje negro, camisa blanca y una corbata roja, Salvador Jara Guerrero se dispuso a vivir su último día como gobernador de Michoacán. Nublado, frío, con personas bostezando, fue así como el día recibió al mandatario estatal a su penúltimo acto público como gobernador; nublado, frío, así como pasó un año, tres meses y diez días al mando del estado.
Se notaba nervioso, distraído y sobre todo más interesado a que transcurriera rápido este su último día como gobernador, que disfrutar y participar en el evento más importante para los morelianos y michoacanos, conmemorar el natalicio de José María Morelos y Pavón.
Durante todo el evento, Jara Guerrero se la pasó platicando con quien tenía a sus lados en el presídium.
En ese momento de apatía y ansia, cómo olvidar sus palabras cuando ante el pleno del Congreso Local tomaba protesta. “El futuro no está dado. Esto lo tenemos que construir día a día. Lo tenemos que hacer con prudencia, pero con paso firme”.
Cómo olvidar cuando ese día se comprometió a sanear las finanzas en la entidad y generar confianza entre la ciudadanía.
Pensar que en menos tiempo que otros, dejó un mal sabor de boca para todos los michoacanos, sobre todo por su evidente forma de querer asegurar su futuro a expensas del estado.
Terminado el acto protocolario, caminó a paso veloz hacia su camioneta. Como ha sido una constante en sus últimas apariciones públicas, rodeado de guaruras evadió a la prensa hasta llegar al móvil y dirigirse a Palacio de Gobierno para presenciar ahora sí, su último acto público en el tradicional desfile cívico militar conmemorativo al natalicio de Morelos.
Mientras que para los morelianos era una fiesta, una atracción el ver volar sobre los cielos morelianos los aviones militares, degustar unas frituras o hasta almorzar una torta hecha en casa viendo el desfile, para Salvador Jara, fue el día en que se despidió de todos sus amigos y funcionarios.
Era inevitable voltear al balcón de Palacio de Gobierno y ver que Jara ni se inmutaba del desfile. El mejor lugar para disfrutar del tradicional desfile fue desperdiciado por el señor gobernador, porque en su cabeza era más importante vivir su último día.
Abajo, la gente trepada en las barras de la catedral, buscando la mejor vista. Apretados, y con cierta incomodidad se apreciaba del desfile.
Arriba, en innumerables ocasiones entraban personajes al balcón para despedir a Jara. Iban pasando de uno en uno los funcionarios y amigos. Se saludaban, hacían que veían para abajo pero en realidad, platicaban de su adiós. Se despedían efusivamente y sin importarles nada, le daban la espalda a los contingentes para sacarse la foto del recuerdo, mientras pasaban ignorados los estudiantes de las diferentes universidades.
De repente regresaba a su lugar y saludaba a los lábaros patrios ya que habían pasado, pero se volvía a repetir la misma historia.
Hubo un momento que duró 7 minutos en los que de plano Salvador Jara desapareció del balcón.
Regresó y parecía que ahora si iba a por lo menos apreciar y atender la última parte del desfile. No fue así. Fue que en ese preciso momento pasó el contingente de la Universidad Michoacana entonando su tradicional porra, la cual Jara, gritó perfectamente.
Así de gris como su gobierno, transcurrió uno de los días más importantes para los morelianos y el día más importante para Jara Guerrero.





