Morelia/Redacción
Pablo Neruda, poeta y político chileno, tuvo un pasaje en su vida en el que fue perseguido bajo el mandato de presidente González Videla. Con esta premisa inicia la historia de la cinta “Neruda”, de Pablo Larraín, que nos muestra la dualidad del perseguido-perseguidor en donde la empatía de ambas partes existe de forma poética, a pesar de nunca verse frente a frente.
Gael García se enguanta nuevamente bajo la personalidad de un chileno, el policía “Óscar Peluchonneau Bustamante”, quien tiene la misión de atrapar al prófugo senador “Neruda” (Luis Gnecco), quien huye favorecido por los dioses, adorado por las ninfas y esperado por el pueblo durante la persecución comunista durante la guerra fría.
Cual si fueran personajes de una novela policiaca de los años 50, “Neruda” y “Peluchonneau” llevan este juego con una narración ejecutada en pausas por el persecutor (Gael García Bernal), donde el lenguaje literario forma un tercer personaje que adorna una historia que hace dudar del espectador si ha presenciado un filme o un cuento lleno de poesía en un ambiente policiaco.
Fuente: Agencia Red 113





