Morelia / Acueducto.- Las mujeres en la ciencia existen desde la antigüedad, con representantes como la egipcia Merit Ptah en el 2700 antes de Cristo; la curandera Agameda en la Grecia, previo a la Guerra de Troya; y Agnodice, la primera médica en Atenas.
Gracias a la científica María La Judía en la Edad Media, otro ejemplo, se inventaron algunos de los instrumentos químicos que se utilizan hasta nuestros días, mientras que Hipatía de Alejandría —hoy Egipto—, quien vivió entre el 370 y 416 de nuestra era, creo el hidrómetro, un astrolabio y un instrumento de destilación del agua.
La ignorancia de la época provocó que esta científica fuera asesinada por un grupo de cristianos al considerarla hereje por sus conocimientos de filosofía, física y astronomía.
Así como Hipatia, muchas mujeres a lo largo de la historia tuvieron que luchar contra los estereotipos que confinan a las mujeres a hacer ciencia a la sombra de hombres, esconderse para adquirir conocimiento o ser relegadas, pese a sus importantes contribuciones a ésta.
Casos emblemáticos son esperanzadores: Marie Curie, dos veces Premio Nobel (1903 de Física y 1911 de Química) y primera mujer en obtener ese galardón por sus investigaciones sobre la radiación, así como su hija Irene Joliot Curie, quien en 1935 obtuvo ese mismo reconocimiento por sus trabajos en sintetizar la radiación.
Aunque la época moderna no ha hecho más justicia a las mujeres científicas, pues combinar su actividad con el cuidado de sus familias o las labores domésticas provocan que pierdan oportunidades e incluso las pone frente a la disyuntiva de renunciar a sus profesiones o la posibilidad de formar un hogar.





