Múgica en el olvido, a 102 años de la Constitución

Morelia/ *Rubén Sandoval Aguiar

La Constitución que actualmente nos rige cumple hoy 102 años de su histórica promulgación, ha sufrido más de 800 modificaciones, algunas de las cuales, han sido resultado del avance de México y de las nuevas necesidades que demanda la modernidad.
No obstante, gran parte de esas reformas han obedecido a los intereses de personajes, grupos y élites dominantes, baste como ejemplo la primera reforma a la Constitución de 1917 en su artículo 83, realizada por Álvaro Obregón y avalada por el Congreso Federal y los gobiernos locales.

Y es que por medio de ella, el «Manco de Celaya» como por arte de magia, hizo posible su reelección como Presidente de la República, en un acto vergonzoso que echó por tierra el espíritu del movimiento encabezado por Francisco I. Madero, bajo el lema «Sufragio efectivo, no reelección» apenas a unas décadas de ocurrida la Decena Trágica.

Con ello, quedó de manifiesto la ambición de poder desmedida del sonorense. A esta reforma, vinieron una marejada de cambios al texto constitucional por los mismos motivos, ambición de poder e intereses personales, cambios que hicieron de la Constitución un instrumento legitimador de oscuros intereses y jugosos negocios al amparo del poder público.

De ese los principios fundamentales del texto promulgado en Querétaro en 5 de febrero de 1917, fueron atacados uno a uno con la mezquina intención de devastar su espíritu, ataque artero que provino no sólo de las entrañas del poder del Estado mexicano, el embate se hizo presente también desde el exterior.

El vecino país del Norte, mandaba notas amenazantes a la embajada mexicana, y las compañías petroleras extranjeras que habían visto afectados sus intereses, amparados en la protección de sus gobiernos, en una estratagema en combinación con la prensa de alquiler, comenzaron a sembrar el pánico entre los mexicanos vociferando una posible invasión.

De ese modo, el héroe de mil batallas Álvaro Obregón, al frente de la Presidencia, en su delirante desesperación por ganar el reconocimiento del gobierno Norteamericano, suscribe los antipatrióticos «Acuerdos de Bucareli» por medio de los cuales el gobierno de los Estados Unidos trató de dilapidar el espíritu nacionalista contenido en el artículo 27 de la nueva Carta Magna, que devolvía el dominio absoluto del suelo a la Nación Mexicana.

Un artículo elaborado y defendido destacados legisladores como Pastor Roauix, José Natividad Macias, Cándido Aguilar, Manuel Aguirre Berlanga, Alfonso Cravioto, Félix F. Palavicini, Hilario Medina, Luis Manuel Rojas, Froylan Manjarrez, Esteban Baca Calderón, Heriberto Jara, personajes como Andrés Molina Enriquez, sin poder dejar del lado al michoacáno Francisco J. Múgica.

Si, J. Múgica, un hombre de una sola pieza, de férreas convicciones, quien se convirtió en un verdadero paladín en el histórico Congreso Constituyente de 1916-1917, que dio vida a la Constitución que actualmente nos rige, y sentó las bases para el edificio de un nuevo Estado Mexicano.

La incansable labor del diputado Múgica como presidente de la primera comisión de puntos constitucionales fue reconocida por propios y extraños, ganando así el respeto incluso de sus enemigos políticos y del mismísimo Primer Jefe Venustiano Carranza.

Múgica, como hombre independiente, leal a las causas del pueblo mexicano, lucho siempre por hacer realidad los preceptos emanados de la Ley Suprema de la que el mismo había sido artífice, por ello, se convirtió en un crítico acérrimo de los enemigos de la Revolución, de aquellos personajes que se enriquecieron al amparo del poder, que envilecieron sus principios, aquellos advenedizos que lo mismo eran Porfiristas, un día, que Huertistas o Carrancistas al otro.

Esta forma de ser de Múgica, tan vertical, tan indomable, tan recta y tan crítica, lo distinguió de muchos hombres de su época y aún más de nuestra época, y lo llevó a tener enfrentamientos con Carranza, Obregón, Calles e incluso con su amigo y correligionario Lázaro Cárdenas del Río.

Múgica, ese hombre de baja estatura, pero de mirada muy alta, que lucho incansablemente por la justicia y por el engrandecimiento de México, a quien alguna vez Obregón mandó eliminar, (como a muchos otros limpios revolucionarios) por cometer el pecado de oponerse a sus intereses.

Sin embargo, a ese ilustre Michoacano, a 102 años de promulgada la Constitución a la que entregó sus más grandes anhelos y lo mejor de su vida, se encuentra en el olvido, y de forma ingrata ha sido relegado por los propios michoacanos, que hoy hablan de principios, de congruencia y de una transformación, pero que desconocen su propia historia, y desprecian a sus mejores hombres.

En contra parte, los enemigos de la Revolución, aquellos perversos personajes como Obregón, (a quien no le regateó nada como militar y estratega) encuentran cabida en las primeras páginas de la historia, en las principales avenidas y calles de nuestro país.

Y que a pesar de su actuar antirrevolucionario se les ha quemado incienso durante décadas, es triste ver que aun hoy día, el poder y la ambición, la traición y la intriga, son la aspiración y razón de ser de muchos gobernantes y gobernados.

En cambio la rectitud, el aplomo, la honestidad y los principios, se diluyen y se nos escapan de las manos, es por eso que en pleno siglo XXI, se escucha el estruendo de los ecos galopantes de la contra revolución, que ataca y acomete con toda su fuerza en nuestra América latina.

Ante ello, se hace imprescindible más que nunca la voz portentosa de la Revolución escuchándose hasta el último rincón , como alguna vez la voz del diputado Múgica, hizo retumbar las paredes del Teatro Iturbide (hoy Teatro de la República) con sus ensordecedores alaridos de verdad, fustigando con su dedo flamígero, a los enemigos de México y el mundo.

*Presidente de la Fundación Historico-Cultural Francisco J. Múgica A. C.)