Editorial/Samuel Ponce Morales
1.- En el “corazón” del centro histórico de la capital michoacana, hace once años pasó lo impensable, un artero, vil y cobarde atentado contra civiles que festejaban un aniversario más del Grito de la Independencia. De ese tiempo al actual siguen existiendo graves secuelas.
2.- De los hechos, no solo hay profundas cicatrices que taladran la vida de gran número de víctimas, sino que sigue sin hacerse justicia; los verdaderos motivos siguen siendo un misterioso y los culpables materiales e intelectuales siguen transitando impunemente.
3.- A estas alturas, las víctimas deberían ser honradas, no solo situando la bandera a media asta, no solo reconfortando material,psicológica y espiritualmente a sus más cercanos, sino con algo que en nuestro país sigue sin aparecer en forma inmediata: ¡justicia!.





