Morelia I Antonio, el sureño, el mago de las calles…

Morelia I Antonio, el sureño, el mago de las calles…
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Morelia, Mich. | Agencia ACG.- Entre el ruido de los automóviles y los cambios de luz del semáforo, Antonio espera una oportunidad. Llegó desde Chiapas, de una comunidad ubicada más allá de San Cristóbal de las Casas, dejando atrás los campos donde acostumbraba trabajar la tierra y donde, asegura, cada vez es más difícil encontrar empleo.

La lluvia no ha dado tregua en su lugar de origen. Cuenta que en Chiapas las precipitaciones han sido constantes e incluso se han presentado inundaciones. Sin embargo, más allá del temporal, lo que terminó por impulsarlo a salir fue la falta de trabajo. Allá, explica, la siembra de maíz y frijol suele dar empleo sólo una vez al año. El resto del tiempo, las oportunidades son escasas y, cuando aparecen, suelen consistir en ayudar a vecinos a cortar o rajar leña.

Antes de partir dejó sembrado un poco de maíz. También dejó a su familia y a un hijo por quienes decidió buscar una mejor oportunidad lejos de casa. Aunque tiene familiares en Morelia, actualmente vive solo, renta un espacio para quedarse y asegura que nadie lo apoya económicamente.

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Por ahora, su escenario es un crucero de la ciudad. Ahí realiza actos de magia para los automovilistas mientras continúa buscando trabajo. Como buen mago, evita revelar sus secretos, aunque entre risas reconoce que uno de sus trucos consiste en aparecer y desaparecer un conejo que lo acompaña durante las jornadas.

Las monedas que recibe son un apoyo temporal. Apenas la semana pasada trabajó durante varios días en una milpa ayudando a sembrar, pero cuando esa labor terminó regresó al crucero para seguir generando ingresos mientras encuentra algo más estable.

Antonio asegura que no le teme al trabajo. Ha sido ayudante de plomero, ayudante de albañil y trabajador del campo. Sin embargo, reconoce que en ocasiones las condiciones laborales no son justas. Recuerda jornadas en Chiapas donde ganaba apenas 100 pesos al día, trabajando desde las siete de la mañana hasta las tres de la tarde. También recuerda una ocasión en la que trabajó como ayudante de albañil desde las siete de la mañana hasta las ocho de la noche y recibió únicamente 300 pesos por todo el día.

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Cuando habla de empleo, no sólo pide una oportunidad, sino también un trato digno. Dice que más de una vez le han dicho que es flojo o que únicamente busca dinero regalado por trabajar en los semáforos. Él rechaza esas afirmaciones y responde que siempre ha trabajado cuando se le ha presentado la oportunidad.

También ha tenido que escuchar críticas por el conejo que utiliza en sus espectáculos. Ante ello, asegura que procura cuidarlo, que sólo trabaja algunas horas al día y que evita exponerlo al calor. Incluso considera que las lluvias recientes han ayudado a que el animal esté más cómodo durante las jornadas.

Mientras los vehículos avanzan y el semáforo vuelve a cambiar, Antonio continúa esperando. No busca regalos ni lástima. Busca trabajo. Busca una oportunidad para sostener la renta, la comida y apoyar a la familia que permanece en Chiapas.

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Y si alguien conoce algún empleo, dice, está dispuesto a intentarlo. Lo único que pide es que no se aprovechen de él. Entre los trucos de magia, el ir y venir de los automóviles y la esperanza de encontrar una oportunidad mejor, Antonio sigue apostando por construir en Morelia un futuro que en su comunidad, más allá de San Cristóbal de las Casas, le ha sido difícil encontrar.