Morelia, Mich. | Acueducto Noticias/Carolina Nambo.- A tan solo 9 kilómetros de la ciudad de Morelia se encuentra San Nicolás Obispo, una comunidad que tiene más de 450 años de historia y que es cuna del molcajete en Michoacán, por lo que los pobladores colocaron un emblemático molcajete que mide dos metros de diámetros y que adorna la plaza principal.
Dividida en cuatro barrios que son: Barrio Bonito, Barrio del Napiz, Barrio de Chicalote y Barrio de los Buenos Aires.
Desde hace años sus habitantes se han dedicado a la elaboración de molcajetes, una tradición ancestral que han ido heredando por generaciones. Recolectando piedra volcánica, que transportan a sus talleres desde el cerro del águila.
En la actualidad más de 63 familias, dependen económicamente de la venta de este utensilio de cocina.
Aunque la comunidad es pequeña, su gran tradición de los molcajetes la ha posicionado en un lugar importante, al realizar la tradicional Feria de Molcajete durante el mes de diciembre.
Los artesanos originarios de San Nicolás Obispo, explotan al máximo su creatividad al diseñar una gran variedad de figuras, no solo de molcajetes sino de piezas tallas en piedra para decoración de interiores y metates.

Uno de estos menestrales que heredó de su abuelo y por parte de su padre, el conocimiento para la fabricación de molcajetes, es Miguel Ángel Gaona Sopeña.
Que, durante una rueda de prensa, realizada alrededor de las nueve de la mañana, en la entrada principal de la iglesia de San Nicolás Obispo. En presencia de los jefes de Tenencia de las comunidades de Capula, Santiago Undameo, Tazicuaro, Santa María de Guido, San Miguel del Monte y Cuto de la Esperanza.
Miguel Ángel compartió rodeando de cinco artesanos más, la propuesta que crearon para la feria “No es Cocina Moreliana Sin un Molcajete”, con el apoyo de la Secretaría de Fomento Económico, para llegar a vender mil piezas de molcajetes y así reconocer aún más el trabajo de cada artesano.
Con alegría y entusiasmo expusieron diversos molcajetes vacíos para poder apreciar sus detalles de la parte interior y exterior. Para mostrar el beneficio que este tener un molcajete en casa, los artesanos deleitaron el paladar de los presentes con salsa recién hechas, guacamole, queso fresco, frijoles y un rico café de olla.
Entre prisas y bullicio por el término de la rueda de información y asistentes que estaban presentes Miguel Ángel, narra con orgullo cómo fue que siguió con el oficio familiar.
“En mi familia ya van tres generaciones mis abuelos, mis papás y ahora yo, además de mis cuatro hermanos”.
Recuerda que cuando él era niño, su abuelo ya tenía un taller lapidario y solía contarle, que sus inicios fueron por el año cincuenta.
“Él contaba que inicio allá por el año cincuenta”.
Estando en el taller desde los ocho años, Miguel solía jugar con todo el material imitando el trabajo de su abuelo, así fue creciendo el interés y el amor por el oficio.

“Desde muy chico me gustaba estar jugando a hacer utensilios, ya tengo 28 años haciendo molcajetes”.
El aprendizaje llegó a él al observar a su abuelo y de adolescente fue puliendo sus conocimientos, con las explicaciones que le brindó su padre.
“Mi papá me enseñó a mí con mucha paciencia y después solo agarre el oficio”.
Esa instrucción lo motivo a compartir con otros de sus compañeros la idea de innovar en diseños, elaborando molcajetes de diferentes formas, cuadros decorativos y figuras de coyotes en diversos tamaños.
Aunque a simple vista la pieza del molcajete tradicional puede parecer sencilla, requiere de un gran esfuerzo para su elaboración, que va desde el trabajo físico hasta la tarea de trazo.
“Lo primero es ir al cerro a seleccionar piedra los días lunes y martes, para entonces tener material en casa para estar produciendo”.
Por lo que cada artesano debe tener un espacio en su vivienda, para vaciar la piedra porosa o volcánica que es recolectada.
“Al tener ya la piedra, se trabaja de miércoles a sábado en casa”.

Para los nuevos artesanos, la situación de las ventas en la actualidad es más fácil. Miguel recuerda que, su abuelo y su padre tenía que trasladarse a Quiroga, Pátzcuaro y Uruapan para poder vender sus molcajetes.
Pero gracias a la difusión que tiene la feria y la fiesta patronal en honor al Señor San Nicolásito. En la actualidad los clientes y proveedores llega directamente a los locales de los artesanos.
Derivado de todo el esfuerzo que durante décadas todos los pobladores y familias de San Nicolás han hecho, para colocar a la tenencia como una parte importante de la tradición e historia en Michoacán.





