Morelia, Mich. | Jacobo Díaz/Acueducto Online.- Michoacán es un estado maravilloso, porque lo tiene todo, “absolutamente todo”, considera el director de la Orquesta Sinfónica de Michoacán (Osidem), Román Revueltas Retes, quien arribó a Morelia hace tres años luego de ganarle la conducción del agrupamiento musical más importante de la entidad a otros seis aspirantes. Dijo que participó en uno de los seis conciertos que se realizaron para elegir al director y obtuvo el primer lugar en el concurso por unanimidad del jurado y una mayoría de votos de los miembros de la orquesta.
Es tal el apego a esta entidad, a la que considera de las más emblemáticas y con mayor personalidad del país, que ya se siente “michoacano por adopción”. Pero, además, hay una “circunstancia excepcional” que lo liga emocionalmente a la capital del estado y es el hecho de que la orquesta es seguida muy estrechamente “por un público fidelísimo que con teatro lleno está con nosotros cada semana”, en contraste con auditorios vacíos o con muy poca gente que ha experimentado en otros lugares en los que ha dirigido a orquestas similares.
Virtuoso del violín y compositor, su trayectoria incluye la dirección en la Sinfónicas de la Universidad de Hidalgo, de la del Estado de México y la de Aguascalientes, donde permaneció por 12 años, haber sido concertino de la Filarmónica de la ciudad de México y la de Barcelona, solista en recitales y conciertos durante más de 20 años y organizador de una orquesta de cámara en la alcaldía de San Ángel, en la ciudad de México.
En Román Revueltas Retes hay todavía un añadido que probablemente explique que además de músico, escriba y pinte, producto de la circunstancia de ser hijo del escritor José Revueltas Sánchez, pero además sobrino de otros celebres hermanos del narrador, como por ejemplo del compositor Silvestre, del pintor Fermín y de la actriz y bailarina Rosaura, todos ellos originarios de Durango, pero con una gran simpatía por el estado de Michoacán, como lo muestra el hecho de que el primero escogió para su luna de miel con su primera esposa los bellos escenarios de Pátzcuaro y Uruapan, además de escribir una magistral crónica titulada “Visión del Paricutín”.
Conversando en el ensayo
La charla con el maestro Revueltas ocurrió al término de uno de los cotidianos ensayos que sirven para preparar las audiciones del fin de semana. En esas jornadas de continuas repeticiones de los pasajes musicales que contienen todavía defectos de ejecución, errores de acoplamiento tonal o deficiencias en el fraseo, el director corrige e incluso modifica compases, especialmente para el caso de los conciertos para saxofón o para viola que ofreció la sinfónica michoacana este viernes pasado, correspondientes a dos periodos de la música particularmente separados en el tiempo como el contemporáneo para el primer caso y el clásico en el segundo.
De hecho, en el ensayo se distinguen las variantes entre uno y otro instrumento justamente por la distancia en el tiempo entre los dos periodos históricos, dado que el sax se incorpora a los conciertos orquestales prácticamente en los primeros años del siglo 20 cuando ya se ha instalado la moderna era musical que nos rige, con exponentes destacados como los franceses Claudio Debussy y Mauricio Ravel y el ruso Sergio Procófiev, entre otros que por la moda de la época se vieron precisados a componer conciertos para saxofón.
El compositor mexicano Eduardo Solís Marín, presente en el ensayo, ofrece una pieza que, sin conocer previamente ni al autor ni a su tiempo, evidencia el postmodernismo que distingue al periodo contemporáneo con la ausencia de la tonalidad clásica e incluso con pasajes estridentes o de francas disonancias que recuerdan por momentos la improvisación típica del jazz, máxime que el sax y su melancolía consustancial se constituye en el alma de cualquier ejecución afligida de los negros de Nueva Orleans al final de una dura jornada de trabajo.
La originalidad del relato, por momentos magistral y por cuyo hecho seguramente el director pone mayor énfasis en su corrección que en el concierto para viola, incorpora con el rumor de los chelos, sonido que se logra al rosar frenéticamente el arco en una sola nota, un ingrediente notoriamente innovador, al igual que el diálogo con los trombones en tono de fanfarrias que adquiere proporciones épicos al entrar en escena los timbales, antes de un prolongado solo del sax. El solista es el mexicano Guillermo Portillo Hofmann.
De no ser porque en el programa se destaca la autoría del concierto para viola del alemán Carl Stamitz, cualquier mediano conocedor podría suponer que se trata de una obra de Wolfang Amadeus Mozart o probablemente de Franz Joseph Haydn, primero porque se trata de un contemporáneo de ambos y luego porque hay infinidad de similitudes melódicas.
¿Quién es Román Revueltas?
El director de la OSIDEM, que además es escritor y ha compuesto también obras musicales, algunas de las cuales ya fueron ejecutadas en esta temporada de conciertos, seleccionó deliberadamente a creadores poco conocidos, como Eduardo Elgar, César Frank, Paul Hindemith y Carl Stamitz, para “salir de los compositores habituales” como Mozart y Beethoven y programar otras como la tercera sinfonía de Sergio Rachmáninov “que tocamos la semana antepasada”.
Pero además, “se me ocurrió, para poderle ofrecer algo diferente al público, interpretar las 104 sinfonías de Joseph Haydn” y con ello diversificar el abanico de autores, estilos y periodos en la medida en que “ninguna orquesta lo ha hecho en México y creo que nosotros vamos a marcar algo ahí en la historia musical de nuestro país a partir de esto”. En lo que va de la temporada de conciertos gratuitos del Teatro Ocampo, “hemos tocado algo así como 30 sinfonías y nos faltan setenta y algo”, cuya programación es significativamente novedosa, “porque hemos tocado sinfonías que yo estoy seguro que nunca se han tocado en México”.
Román Revueltas vino a Michoacán al término de su contrato con la Sinfónica de Aguascalientes, pero al arribar a Morelia el estado lo subyugó y continuamente disfruta junto con su pareja de los atractivos de ciudades como Pátzcuaro, tal vez contagiado por el gusto de sus antepasados de la familia Revueltas, como al escritor José, que mantuvo una entrañable relación amistosa con el poeta uruapense Ramón Martínez Ocaranza y escribió una memorable crónica sobre el volcán Paricutín, o su tío Silvestre, quien llevó a los escenarios musicales una encantadora pieza orquestal titulada “Janitzio”, o el pintor Fermín, que dedicó por lo menos dos de sus cuadros al estado que se exhiben en el Colegio de San Nicolás, y la actriz Rosaura, quien filmó en locaciones de la Tierra Caliente la película “El Rebozo de Soledad”.
Pero lo que no comparte de los cuatro es su posición político-ideológica, dado que él no es “simpatizante del comunismo, en absoluto”, al que considera “un sistema dictatorial”. Más bien se ubica como un liberal convencido a partir del valor de la soberanía del individuo, en la medida en que privilegia la democracia por encima de todas las cosas como sistema político y el respeto absoluto a los derechos humanos, al libre mercado y a la propiedad privada.



(Imágenes especiales)





