Morelia/Julieta Coria
Una de las figuras emblemáticas del país, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano visitó la ciudad de las canteras rosas, pero esta vez sin ningún marco político, ni para recibir otro reconocimiento u homenaje.
El ex candidato presidencial estuvo en la capital michoacana para ser parte del aniversario del Sindicato Único de Trabajadores del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del estado de Michoacán SUTCECyTEM.
A su llegada acapara la atención, las cámaras no dejan de lanzar sus constantes ‘flashazos’, todos quieren la foto, el saludo, al autógrafo, estar cerca del hijo del general, de cerca de o de lejos.
En un evento, con poca organización fue con una extrema puntualidad, ahí por los pasillos del Centro de Convenciones de Morelia, el fundador del PRD, caminaba, serio, impecable en su vestir, de traje claro, y dos acompañantes, viejos conocidos, a su lado.
En su andar, atrás, va dejando un enorme grupo de seguidores que a su paso se va potencializado; él continúa su andar, así, inexpresivo, casi seco, con rumbo definido.
Ese semblante se repite a cada momento, incluso en los saludos, el con prisa, aborda su siento y permanece ahí, estoico, firme como roca, en espera de los discursos que empiezan agradeciendo su presencia, elogiándolo.
Sin embargo, en el acto, gran parte de los festejados, de los “compañeros” sindicalistas, no emergieron la emoción de su presencia que el resto de los presentes desbordaba, si aquellos de playeras blancas y un enorme logotipo del SUTCECyTEM.
El inicio fue desentonado, pero con la pasión que transpiraba la banda de guerra, conformada también por dos trompetistas, dos adolescentes, de apenas de 12 años de edad, y en donde, en el escenario, se extrañaba la bandera nacional.
En el presídium, a Cárdenas, ya lo esperaban Gabriel Hilario Marcelino, el líder de la organización sindical, y Adrián López Solís, el secretario de Gobierno, quienes hicieron el uno y el dos en hablar antes que el invitado de lujo.
Dos obligados discursos que por más hora y media, subrayaban uno, la importancia del periodo presidencial de Lázaro cárdenas, de la estabilidad que ejerció luego de la Revolución Mexicana, de la trascendencia de la expropiación petrolera, ante el momento histórico que se vive, por ejemplo.
Luego, momento de escuchar una pequeña intervención musical para despertar el ambiente de expectación, y que despertó a los dormidos y distraídos, quienes sin más retomaron el hilo del evento.
Y es que el cantautor José Luis, vestido de negro, con sombrero bien puesto lentes grandes y una barba con tintes blancos, hizo retumbar al auditorio con su música y su voz, en un par de corridos dedicadas al General.
Si, como el corrido de los 100 años: “Viva Cárdenas señores, que viva nuestro petróleo, que viva la expropiación”, mientras que el hijo del General fijaba su vista en aquel alegre señor.
A palabras más, palabras menos, se continuaba con los prolongados discursos, que insistían en dejar soñolientos a más de una decena de los presentes; en realidad, todos esperaban el ´gran discurso’.
El momento llegó, se nota cierto movimiento entre los asistentes, quienes abandonaron a los dioses, a Morfeo, el del sueño, y a Atenea, la del pensamiento, y se acomodaron a escuchar; los fotógrafos corren a posicionarse y a disparar…
Cárdenas se juguetea con sus lentes, observa con esa mirada fija e igual, sigue sin sonreír; el silencio en aquel lugar ha sido resarcido. Sigiloso, toma el micrófono y el fuerte aplauso se vuelve prolongado. Fue de discurso breve, conciso y directo.
“Quienes venimos luchando en México porque el país se recupere y conducirse por los propios interese que el país los requiere” decía en su iniciar.
Durante quince minutos habló sobre el rumbo que debería tomar el país y cuáles eran las alternativas de las soluciones a los grandes problemas.
Su mensaje miró hacia el 2018, “en tiempos electorales deberíamos plantearnos bien lo que sucede, ya que el país está en profunda confusión que se tiene que erradicar si queremos que avance de manera distinta”.
El discurso también descalificó las reformas educativa, fiscal y energética, impulsadas por el gobierno de Enrique Peña Nieto, y avaladas por resto de los partidos políticos, incluido el PRD. Al final, el aplauso prolongado y de nuevo, Cárdenas con la mirada fija, siempre arriba…





