Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- “Nosotros nos dormíamos en la calle, pero la misma policía que nos vio, nos dijo que nos viniéramos al albergue y me trataron bien cuando llegué, pero ahorita ya no nos quieren”.
Sentada sobre el asfalto junto a un fogón, se encuentra la señora Gloria en compañía de su hijo mayor. Junto a ella, una cobija improvisa una casa de campaña, donde pasará la noche a las afueras del albergue del Hospital Infantil de Morelia, “Eva Samano de López Mateos”.
“Yo aquí llegué nomas así. Estaba internada en un hospital y ya cuando cambiaron a mi niño aquí al Infantil, me dieron de alta en la clínica y así me vine con la cabeza abierta, aquí me quitaron las puntadas”.

Proveniente de Apatzingán, son pocos los detalles que recuerda del accidente que sufrió con su familia, “yo no me acuerdo bien, creo que fue como el 12, ya va a ser un mes. No es que me quiera hacer la loca, pero se me olvidan las cosas”.
La joven madre, cuenta que iban a ser casi las 11 del día cuando cocinaba un pollo para el almuerzo, mientras lavaba la poca ropa con la que llegó al albergue, cuando la policía le ordenó juntar sus cosas.
“No nos dejaron hacer de comer, me tocó sacar mi ropa así mojada. Cuando llegaron, les dije que si podía sacar la ropa y me dijeron que no, que porque iban a fumigar y era peligroso”.

“Yo sospeché que ya no iban a dejar en la calle. Les dije – ¿puedo dejar mis cosas aquí?, porque no tengo dónde dejarlas, y que me dicen -mejor llévatelas- “.
Han pasado casi 12 horas desde que elementos de seguridad pública de la Policía Michoacán junto con trabajadores de la Secretaría de Salud, solicitaron a las familias albergadas se retiraran del lugar para proceder a la desinfección del albergue.
“No fumigaron, yo estuve un rato esperando. Ya cuando vi que no, le dije a mi hijo, -no, aquí ya no nos quieren”, comenta mientras dirige la mirada al pequeño como buscando la aprobación del recuerdo.

A pesar que de que se les ofreció asilo en otros albergues, la madre, preocupada por su pequeño recién salido de terapia intensiva, comenta, prefierió resguardarse en la casita improvisada, junto a otras familias en las mismas circunstancias.
“Yo no me puedo mover tanto. Mi niño estaba entubado, pero ya despertó. Tiene su manita quebrada, salpicones de sangre en su cerebrito, no habla, no camina, no nada…”
Con el fogón que aminora el frío, Gloria espera el día siguiente en la incertidumbre; no sabe si podrá dormir de nuevo en las instalaciones del albergue, ni qué comerá, pero, eso sí, hay algo firme; la salud de su hijo es lo primero.
“Ahorita mi esposo le hablaron que ocupaban un medicamento, y ahí anda. Yo no me puedo retirar de aquí porque a veces nos hablan que ocupan medicamento, a cualquier hora del día o la noche y ¡de aquí a que llegamos!”.





