“Mamá Lupita”, la milagrosa

Imagen: Xana Zamudio

Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- “Aunque nomás agarre la puerta, con que yo sienta la presencia de ‘mamá Lupita’ conmigo, es más que suficiente”, comparte la señora Esmeralda Cortés desde las afueras del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en la capital michoacana.

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Dentro de los actos de fe desplegados en las fiestas guadalupanas, sobresalen las mandas: ir de rodillas hasta el templo, es uno de los principales sacrificios que los michoacanos ofrecen a cambio de algún “milagro”.

En completo ayuno y bajo el sol de medio día, Esmeralda emprendió la contienda desde el inicio de la calzada Fray Antonio, a casi 500 metros del Santuario: su objetivo.

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“Mi esposo se fue pal ‘otro lado’, lo detuvieron allá, estuvo ocho meses encerrado, y le pedí a ‘mamá Lupita’ que me lo dejara salir, que llegara aquí con bien. Y, pues ¡me hizo el milagro!”, dijo a su llegada hasta la puerta principal del templo.

Fue su esposo quien la acompañó en su calvario. Con una pequeña manta cubría el empedrado de piso de la calzada, mientras Esmeralda apoyaba cada una de sus rodillas, “-Ay, mi amor, ya vamos a llegar, no te preocupes. Estoy contigo-, me decía”.

Imagen: Xana Zamudio

Con la piel de las rodillas rojas y polvorientas y los pies descalzos, la cansada mujer tomó un respiro, se acercó a la puerta de madera cerrada por la contingencia y, sobre ella, colocó su mano.

“Mi hijo me había dicho, -mami, está cerrado, -no importa, le dije. Significa mucho para mí, para pedir un milagro, se necesita dar algo a cambio y ‘Mamá Lupita’ nunca me ha dejado sola, en las buenas y en las malas…”