
Morelia/Alan Ortega
Ciudad Peluche, es un asentamiento irregular conocido así por sus pobladores y que anteriormente se conocía como Loma de Granjeros, ubicado en la orilla sur de la ciudad cerca de la carretera que lleva al pueblo de Atécuaro.
Carlos, estudiante de 6to de primaria que tiene como tarea de proveer de agua en su hogar, domina el balón en una calle de terracería mientras se llenan un par de cubetas, para después cargarlas en su espalda con un palo atravesado de hombro a hombro y de esa forma llevarlas hasta su casa, para después tener el privilegio de volver a la calle toda la tarde con la pelota y sus vecinos.

Aquí los servicios de agua potable, drenaje, luz y el pavimentó son derechos inalcanzables, a pesar de que tienen más 20 mensualidades pagadas de a $1200 mensuales de 50 letras en total, por un terreno de 7×15 metros, Rubén Piñon, es el que se presume como el dueño del predio. El argumento por parte de los funcionarios del gobierno municipal es que la colonia sigue considerándose irregular o ilegal, por un litigio entre dos personas que disputan su genuina propiedad.
Doña Chayo, que fue diagnosticada de un infarto cerebral hace un par de años, ahora está en el retiro después de haber sido afanadora del Hospital Civil toda su vida. Desde su hogar en las orillas de la colonia construida con madera y láminas de cartón, relata los sufrimientos que tienen en época de lluvias, recuerda que cuándo el aire es muy fuerte las láminas de cartón salen volando y se han quedado por lo menos en dos ocasiones sin techo; agrega que cuándo la tormenta es muy potente o viene con granizo, el techo se va para abajo.

María Gracia que tiene tres hijos menores de edad, realiza pan de manera casera los fines de semana en un horno de adobe que tiene en su casa, es auxiliada por sus vástagos para la preparación y la venta de la producción. Cuando su marido está trabajando en el taxi y ella necesita insumos, se ve obligada a caminar más de 3 kilómetros hasta el transporte y como los alrededores son en forma de cañada, las caminatas son la mitad del trayecto cuesta arriba con las manos llenas de bolsas de alimentos, tiene que caminar más de 3 kilómetros cuesta arriba para llegar hasta su casa.
Don Chendo, un yesero de profesión y aficionado a la crianza de gallos de pelea, recuerda como él y sus vecinos intentaron fallidamente de organizarse y poner una red de drenaje en su colonia, obra que quedó a media construcción por diferencias de dinero entre ellos, de ella solo permanecen las zanjas donde iría la tubería y algunas de las que serían las alcantarillas.

Todo el trabajo que realizaba Rosendo con sus vecinos era para evitar que en las temporadas lluvias las fosas sépticas se vertieran sobre el interior de sus hogares y calles.




