Los tamales, la verdadera vocación de Lalo

(Foto: Montserrat Herrera)

Morelia, Mich. | Montserrat Herrera | Acueducto Online.- Todas las mañanas, de lunes a sábado, Lalo Reyes emprende un camino que va desde San Francisco hasta la calle de Belisario Domínguez, en el corazón de Morelia, Michoacán, vendiendo tamales rojos, verdes, de dulce y atole de chocolate.

Lalo, como todos sus clientes lo conocen, es muy querido por ellos y, normalmente, lo buscan para comprarle.

“Tengo el número de varios clientes, me preguntan por dónde ando y, a veces, me apartan tamales”, me dijo mientras me mostraba su Whatsapp.

El negocio de tamales es familiar: él, su mamá, su tío y un primo son los que rondan por el centro de Morelia. Con Lalo nos encontramos entre Belisario y la calle 20 de noviembre, cerca del Hotel Casa Eugenia, en donde trabajan algunos de sus clientes.

— ¿Los tamales los hace su mamá o usted?

— Yo los hago […], de hecho, aquí trabajamos un día y un día; un día yo y un día ella; ella con su marido y yo aparte. Ahorita, los que trae ella, son los mismos que traigo yo; hoy hace ella, y yo mañana traigo los que hace ella.

En medio de nuestra plática, se acercó una niña con su mamá a comprar un atole. Después de un saludo efusivo, la señora comenta que, el día anterior que no llegó Lalo a trabajar, su niña no quiso comprarle atole a la competencia.

“Normalmente mis clientes son más niños que adultos, sino es por el atole, son los tamales de dulce”.

— ¿Alguna vez ha tenido problemas con la competencia?

— Se me puso, una vez, una persona ahí, no dije nada, pero a veces me miraba y se reía. Así como llega la gente, me saluda; venían desde allá, me saludaban y compraban. Terminó por aburrirse e irse […]. Puedes comprar en donde tú quieras, lo que más te guste y en donde te sientas a gusto, mucha gente viene de allá y me busca aquí. Tengo unas clientas que me dicen: si no vengo por el producto, vengo por el servicio.

Lalo solamente cursó hasta la secundaria: “lo mío, lo mío nunca fue la escuela; no era malo, lo que yo tuve es que era muy flojo […], lo mío es esto”.

Él, después de varios trabajos, de ir y venir de Ciudad de México, descubrió que su verdadera pasión era vender tamales y seguir con el negocio familiar. A veces, su hija le ayuda a despachar cuando se le junta la gente.

Es así como Lalo Reyes, tamalero desde hace 20 años, hace lo que más le gusta y con muchas ganas, dejándonos un consejo a todos: “hay que saber trabajar, en lo que uno quiera. Lo que vayas a hacer, hazlo bien, si no, mejor no lo hagas”.