Aquila/Enrique Castro/acueductoonline.com
“Es una historia muy larga”, platica Don Agustín Villanueva debajo de un huizache en las cercanías de San Miguel de Aquila, cabecera municipal.
Él, junto a sus hermanos, fue liberado del penal David Franco Rodríguez el pasado 14 de octubre donde llevaban casi 4 años encerrados.
Flanqueado por sus hermanos, primos, amigos y compadres platica sobre lo que siente y lo que pasó que los llevo a estar recluidos:
“Me siento no muy bien, en cárcel 4 años injustamente y pues aquí estoy de nuevo, me siento como desesperado y ofendido de los Gobiernos, es muy peligroso hablar fuerte de ellos, por la situación de ahora en Michoacán.

“No me siento a gusto por la razón: yo lo que hice fue enfrentarme a Los caballeros templarios, eso fue lo que hicimos con nuestros hermanos, amigos compadres…”.
Recuerda la situación, con la mirada hacia las montañas, platica: “Ya no aguantábamos por la razón de que nos cobraba cuota un señor que se decía llamar Lico, 700 mil pesos por mes por dejarnos trabajar en nuestras tierras, comunidad y mina; fueron fechas muy difíciles.

“Las de la tortilla, tamarindos, ganaderos, pagaban cuota, fue algo que nos hizo desesperar y decir ¡ya basta aquí!, fue por esa razón que nos levantamos en armas, sin pensar en todo lo que pasó, no lo hicimos por gusto o por lucirnos, fue para defender a nuestras familias, estábamos todos amenazados…”
De pantalón de mezclilla, hebilla brillante y camisa floja, Agustín se lleva la mano al rostro, queriendo recordar más y analizar la situación:
“Algunos compañeros del municipio dicen que si valió la pena, ellos están viviendo aquí, yo tengo un mes después de 4 años, pero escucho en las reuniones que valió la pena; ya no hay extorsión, cobro de cuota, secuestro, asesinato.

“Todavía no me siento muy a gusto, me dicen que voy a ocupar un psicólogo para ver como estoy, esperemos que las cosas funcionen como lo estaban antes, cuando vivíamos en paz, ahora dicen que se vive en paz…”.
Vicente Villanueva, su hermano, minutos antes recorría la brecha hacia el rancho “allá arriba”, veía un lugar que no recordaba ya que hacía tiempo que no estaba por ahí debido a su encarcelamiento: “cuando regresé y vi esto, pensaba que ya nunca iba a volver a mirar estos cerros”, enfatiza que los delitos fueron falsos, que su primo lo acusaba de secuestro cuando no era cierto, era el mismo del que se acusaban a todos.

Agustín regresa en el tiempo y charla de manera breve como fue el día del operativo que los capturó y apresó: “Ese día pasaron muchas cosas, muchas desgracias, me dicen que venían por nosotros, subí a la sierra, había unos 200 hombres abajo; había un desorden porque venían juntos los soldados, ministeriales, y los marinos a detenernos, fue algo difícil”.
Y, a modo de resumen, señala que desde que se levantaron en armas hasta su detención contabilizó la perdida de cuando menos ocho hombres.
En la cabecera municipal de Aquila, opera Ternium, empresa minera italo-argentina que explota la mina de hierro en la zona.
En 2009, Agustín encabezó un plantón en dicha empresa para exigir que se pagaran las regalías acordadas a los más de 400 comuneros de Aquila.
El asuntó se logró por medio de una negociación y los comuneros recibieron su dinero de forma acordada; sin embargo, eso fue un detonante para que el crimen organizado los hostigara y extorsionara.
Cuando Don Agustín habla sobre el tema, lo hace con conocimiento “Es una historia bien larga que contar, pues y está bien peligrosa por la razón de que la empresa minera les está robando el mineral a los señores de la comunidad indígena de Aquila, lo que pasa es algo bien serio y muy peligroso.
“La comunidad tiene más de 500 años de existencia, resulta que sus recursos naturales ya están descubiertos por los empresarios de todo el mundo, la empresa se está robando el recurso, tiene permiso para 73 hectáreas, pero, ahora, están explotando 383 hectáreas”, refiere Agustín.
Y sigue con el tema: “la empresa minera se mete en todo, a mí me fabricó 12 acusaciones que no pudieron comprobar, pero si me eché 4 años en la cárcel, yo no cometí ningún delito; y, tenemos que enfrentarnos; me la rife, aquí estoy y voy a seguir estando…”.
Termina, sonríe y bromea junto a la gente que lo acompaña; luego, se sube rápido a la camioneta y se va, “a un mandado”.





