Livio, el último guardián de la suerte del Carmen

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• 44 años entre cachitos y radios | En la Plaza del Carmen, tolera al paso del tiempo y la digitalización, vendiendo no solo boletos de lotería, sino historias marcadas por lo que él llama «suerte”….

Morelia, Mich. | Agencia ACG.- En el corazón de Morelia, donde el tiempo parece detenerse bajo la cantera rosa, la Plaza del Carmen guarda un secreto que suena a estática de radio y se viste con los colores de un viejo campeonato.


Allí, entre el murmullo de la ciudad y el aroma a historia, Livio Torres custodia un pequeño puesto que es, en realidad, un santuario de la esperanza. No solo vende «cachitos» de lotería; Livio hereda un oficio que nació con su padre y que hoy, tras cuatro décadas de sorteos y sueños ajenos, lo consagra como el rostro más fiel de la fortuna en el barrio.

La historia
Sentado bajo la sombra tenue de la Plaza del Carmen, Livio Torres acomoda con paciencia los “cachitos” de lotería sobre su pequeño puesto. Viste una playera apenas desgastada del Monarcas Morelia, de cuando fue campeón por allá en los años 2000, una gorra negra y pantalón oscuro. A su lado, dos radios le hacen compañía, mientras su voz, siempre dispuesta a la charla, rompe el silencio entre boletos que van de los 20 a los 120 pesos.


«Soy billetero de Lotería Nacional… ya tengo como 44 años en esto, desde los 18 que empecé, porque mi papá también vendía y de ahí nació todo», dice con sencillez, asegurando que nombrar su oficio basta para resumir más de cuatro décadas de historia, entre números, sorteos y la esperanza ajena que pasa de mano en mano.


De vender todo a esperar clientes


En 44 años al frente de los cachitos, dice Libio que casi lo ha lo ha visto todo al rededor de los sorteos. Recuerda cuando la lotería se vendía sola, cuando las ocho series de cada número se agotaban sin esfuerzo, cuando la gente hacía fila por un cachito.


«Antes se vendía mucho, muchísimo… antes de los pronósticos la gente quería la lotería, se acababan las series, pero ya con todo eso se fue reduciendo poco a poco, aunque ahí la llevamos», cuenta, sin perder el tono tranquilo. Hoy, de esas ocho series apenas se colocan dos, y lo que antes eran 160 boletos por número, ahora se reduce a 40.


La ciudad también cambió con el paso de los años. Donde antes había varios billeteros, hoy apenas quedan unos cuantos en el Centro Histórico. Algunos fallecieron, otros se retiraron, y unos más simplemente han ido desapareciendo con el oficio.


«Muchos ya han fallecido… llevamos como unos cuatro o cinco billeteros que se nos fueron, y otros ya se retiraron o eran ambulantes y dejaron de venir. Si no me equivoco, somos tres; el de san francisco, el de portales y yo» dice, mientras enumera las ausencias.