Morelia, Mich./Xana Zamudio.- Los árboles verdes y el pasto que nace como primeros niños de la tierra, son testigos de las familias que van y vienen sobre los pasillos largos del bosque Cuauhtémoc de Morelia.
Las hamacas de colores que cuelgan de los troncos son refugios de mujeres y hombres que parecen descansar; algunos toman una siesta, otros leen algún diario o se columpian con los pies que caen de su recuesto.
Hay quienes preparan comida y llaman a los más pequeños a sumarse, “¡hora de comer!”, todo parece anunciar un día de campo a las afueras del Hospital Infantil de Morelia.
Pero si te detienes un segundo, las hamacas se convierten de a poco en camas de 24 hrs. para la familia que espera paciente a sus pacientes, la mayoría niños y niñas con problemas de salud que se encuentran internados en el dispensario.
Entonces, sí vuelves a mirar, el bosque se vuelve de pronto en un amparo para las familias, una sala de espera verde, área de juego y restaurante, pero, también, en un espacio para poder llorar desconsoladamente.





